
La bulimia nerviosa es un trastorno de la alimentación que se produce tanto en mujeres como en hombres, aunque está más presente entre las primeras, y que suele aparecer hacia los 16-17 años, el paso a la vida adulta, y de forma más tardía hasta los 30-35 años. Según explica el doctor Fernando Fernández-Aranda, responsable de la Unidad de Trastornos Alimentarios del Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario Bellvitge de Barcelona y jefe de Grupo del CIBERobn, la bulimia nerviosa se caracteriza por episodios de sobreingesta, atracones, que se realizan en un corto periodo de tiempo y con sentimiento importante de descontrol, seguidos de conductas compensatorias para evitar el aumento de peso.
La aparición de la bulimia nerviosa se debe a múltiples causas pero que tienen en gran medida que ver con cómo se maneja el estrés y es más común en personas impulsivas y con baja tolerancia ante la frustración. “Son personas que suelen tener dificultades para manejar los conflictos y que a menudo buscan válvulas de escape o gratificación inmediata. Pueden presentar rasgos de personalidad desadaptados, algunos de ellos fruto de una predisposición genética, y otros trastornos mentales asociados, tanto en ellos como en sus progenitores”, añade el especialista. La mayoría de los pacientes, entre el 90% y el 95%, acuden por voluntad propia a la consulta, conscientes de que tienen un problema y suelen venir acompañados por familiares y/o parejas.
El tratamiento habitual de la bulimia nerviosa es el cognitivo-conductual, que ha probado tener los mejores resultados ya que incide en la conducta alimentaria problemática, cogniciones y estilos cognitivos subyacentes a su descontrol alimentario, y en la resolución eficaz de problemas. Si existen trastornos mentales asociados, tales como depresión o ansiedad se suele valorar la necesidad de una terapia farmacológica adicional. La terapia de este experto se basa en los denominados ‘serious games’, que son aplicaciones tecnológicas, basadas en videojuegos, que van más allá de lo lúdico y que pueden complementar los tratamientos tradicionales. “En los casos más difíciles y resistentes al cambio, valoramos la necesidad de potenciar el tratamiento con un procedimiento adicional basado en nuevas tecnologías, que les permitiera entrenar técnicas específicas para una mejor gestión de sus emociones”, apunta el investigador.
Se consideró que un escenario idóneo para el videojuego era una isla y situaciones que no tuvieran nada que ver con la vida real del paciente pero en las que pudieran aprender a manejar el estrés, la frustración, emociones negativas y la impulsividad generada. “La plataforma incluye una cámara con biosensores que recogen información sobre las emociones al detectar funciones vitales como la tasa cardiaca, la reactividad de la piel, la respiración o la temperatura además de una videocámara que capta, en todo momento, las expresiones faciales como la ira y la rabia o las emociones positivas”, comenta Fernández-Aranda. Si el participante reacciona emocionalmente de forma inadecuada y con estrés ante situaciones generadoras de frustración, el videojuego traslada a la persona a una zona de relajación en la que debe conectar estrellas de una constelación a través de respiraciones profundas.
El estudio sobre la aplicación de este videojuego en pacientes de bulimia nerviosa buscaba explorar si esta estrategia adicional podía tener un buen resultado en los pacientes, y traducirse en una reducción de los síntomas alimentarios. Los resultados se publicaron en la revista ‘Cyberpsychology, behavior and social networking‘ en diciembre del pasado 2015. “Si el videojuego identifica la activación en el paciente, la persona aprenderá a identificarla y ante situaciones similares en su vida diaria actuará como hace en el juego y, por tanto, regulará sus emociones de forma más eficaz”, explica Fernández-Aranda. El videojuego sólo se emplea en las instalaciones hospitalarias para poder gestionar así los efectos indeseables. Se realiza en presencia de un terapeuta durante 30 minutos y de forma asociada al tratamiento habitual una vez a la semana durante 10 o 12 semanas aunque también se ha ampliado en ocasiones hasta las 16 semanas. “Una vez finalizados estos estudios previos y demostrada su eficacia, será más sencillo generalizar su aplicación, tanto a otros dispositivos móviles como hacerlos llegar a otros pacientes y centros”, concluye el doctor.