
Nueve de cada diez víctimas del acoso escolar o bullying desarrolla secuelas psicológicas graves como diversos tipos de trastornos mentales durante su juventud e incluso en la edad adulta, según han comprobado los especialistas en atención psiquiátrica de adolescentes y jóvenes y ha dado a conocer José Luis Carrasco, director científico de la Unidad de Personalidad y Comportamiento del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo.
Asimismo, un 30,6% de los casos detectados por el estudio más amplio sobre ciberacoso publicado en España, de la Fundación ANAR, reviste “alta gravedad”, entendida ésta como “acciones físicas de acoso y agresión como golpes y patadas” y extensión en el tiempo de esa circunstancia “más allá de un año”. El acoso a partir de las redes sociales supone, según el mismo trabajo, un 36,5% de todos los casos de bullying, es decir, más de uno de cada tres. Esta investigación parte de una muestra de 60.408 llamadas relacionadas con acoso escolar que han dado pie a identificar 1.363 casos de bullying, según ha precisado el experto.
El acoso escolar en todas sus manifestaciones, por otra parte, “produce un daño, a veces irreparable, a la autoimagen personal y al posterior desarrollo de la autoestima por lo que, en años posteriores a la adolescencia, se verá traducido en forma de inseguridad personal, ansiedad y temor al fracaso social”, añade este especialista. “Sin duda, destruye los cimientos del desarrollo adolescente de la personalidad, dando lugar a personalidades frágiles y vulnerables sobre las que aparecen los trastornos de salud mental y el fracaso social”, sentencia.
Por otra parte, buena parte de quienes padecen el bullying (nueve de cada diez alumnos) acaba sufriendo secuelas psicológicas o desarrolla, durante la juventud e incluso en la edad adulta, distintos tipos de trastornos mentales, tal y como hemos podido comprobar los especialistas en atención psiquiátrica de adolescentes y jóvenes. “De hecho, sabemos ya que esta forma de violencia aparece con una alta prevalencia detrás de trastornos como la depresión, el trastorno bipolar, los de la personalidad o los de la conducta alimentaria. Y este conocimiento nos ha impulsado a llevar a cabo un programa específico para el estudio y orientación del acoso escolar”, concluye el experto.