El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés) que elabora la Asociación Psiquiátrica Americana, de EE UU, editó a finales de 2012, su quinta versión, trayendo nuevos conceptos y definiciones a las que los psiquiatras acuden para dar un diagnóstico. El comer compulsivamente, el famoso “atracón”, puede considerarse un trastorno mental, al igual que la incapacidad para desprenderse de los objetos, el rascarse de forma continua o el padecimiento de los días previos a la menstruación. Mientras tanto, psiquiatras y psicólogos siguen debatiendo sobre la verdadera utilidad del manual que ya tiene 900 páginas y describe 300 enfermedades mentales. Para los más críticos provoca un exceso de diagnósticos, a veces equivocados, el tratamiento farmacológico de conductas normales y el abuso de la prescripción de medicamentos.
Uno de los nuevos trastornos que los especialistas diagnostican a partir de esta nueva versión y por lo tanto tratan con terapias psicológicas o medicación es el acaparamiento, que corresponde a una patología del espectro del desorden obsesivo compulsivo. La persona que lo sufre, amontona, no importa qué. Sus hogares se transforman en galpones abarrotados. Algunos de los síntomas son el desorden generalizado y la acumulación de gran número de objetos. El paciente inclusive puede ser un comprador compulsivo y hasta robar artículos. “La persistente dificultad para descartar posesiones, debido a la angustia asociada con el hecho de deshacerse de ellos”, es la descripción de la guía.
Otro trastorno incluido en el último manual es la disforia premenstrual, que describe una serie de síntomas, como cambios de humor violentos, que padecen algunas mujeres los días previos a la menstruación. Esta incorporación fue una de las más polémicas ya que lleva consigo una posible generalización, ya que todas las mujeres sufren de cambios hormonales y emocionales antes y durante el período. Los psiquiatras elegen, de acuerdo a la severidad del caso, si el trastorno es tratable con psicoterapia o puede necesitar antidepresivos. Según el manual, los síntomas de la disforia premenstrual son: marcada labilidad afectiva, cambios de humor, tristeza o llanto, mayor sensibilidad al rechazo, marcada irritabilidad o ira, aumento de conflictos interpersonales, marcado humor depresivo, desvalorización, desesperanza, tensión. También se puede presentar desinterés, falta de concentración, falta de energía, marcado cambio de apetito, insomnio o aumento de sueño.
También se añadió en la última versión del manual el denominado “atracón”. Al igual que la anorexia y la bulimia nerviosa, se caracteriza por la adopción de conductas anómalas ante la alimentación y por la insatisfacción ante la propia imagen corporal. El diagnóstico de “trastorno por atracón” incluye, en quien consulta, “la sensación subjetiva intensa que tiene esa persona de que su vida gira alrededor de la comida, que todo lo resuelve comiendo y que tiene una sensación de pérdida de control cada vez que se conecta con el acto alimentario. Estas personas se definen como ‘adictos’ a la comida”. El atracón se caracteriza por la ingesta –al menos dos veces a la semana durante seis meses– de una cantidad de comida superior a la que la mayoría de las personas podría consumir en el mismo tiempo y bajo circunstancias similares. La ingesta es, además, mucho más rápida de lo normal. Las personas ingieren grandes cantidades a pesar de no tener hambre, y a solas, para esconder su voracidad. Depresión o una gran culpabilidad después del atracón son otros de los padecimientos afines.
El DSM-5 entregó otras novedades. El trastorno por estrés postraumático incluye ahora cuatro grupos de síntomas para su diagnóstico: re-experimentación, hiperactivación, evitación y “alteraciones negativas persistentes en las cogniciones y el estado de ánimo”. El nuevo manual dejó de considerar un trastorno mental a la transexualidad e incorporó el síndrome de excoriación, que lo sufren quienes no pueden evitar rascarse la piel hasta lesionarse. El trastorno puede ser provocado por irregularidades de la piel, como el acné o picaduras de insectos, pero también estar asociado con otros trastornos, implicando la alimentación compulsiva. Suele tratarse con antidepresivos o ansiolíticos.