
Aunque han sido obviadas por los neurocientíficos durante muchos años por su escasa importancia aparente respecto a las neuronas, las microglías podrían contener la clave para entender no sólo el desarrollo cerebral normal, sino también las causas de las enfermedades de Alzheimer, Huntington, el autismo, la esquizofrenia y otros trastornos cerebrales inabordables. Las microglías forman parte de una clase más amplia de células, conocidas como glías, que realizan un abanico de funciones dentro del cerebro. Guían su desarrollo y hacen de sistema inmune al devorar células enfermas o dañadas y eliminar desechos. Beth Stevens, directora de un laboratorio en la Universidad de Harvard (EEUU) y el Hospital Infantil de Boston (EEUU) que se centra en las microglías está demostrando que estas células ignoradas son algo más que un mero apoyo a las neuronas de su alrededor. Su trabajo ha suscitado una sugerencia arriesgada: que los trastornos cerebrales podrían estar desencadenados por el mal funcionamiento de nuestras propias defensas corporales.
En un trabajo revolucionario, publicado en enero, Stevens y unos investigadores del Instituto Broad del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU) y de la Universidad de Harvard demostraron que las microglías errantes parecían estar relacionadas con la esquizofrenia. Su efecto provocaba, o al menos contribuía, a una pérdida masiva de células, lo que a su vez degenera en déficits cognitivos devastadores en las personas. La investigación señaló una vía química que podría emplearse para ralentizar o incluso frenar la enfermedad. La semana pasada, Stevens y otros investigadores publicaron unos resultados parecidos para el alzhéimer. Todo esto suscita unas preguntas interesantes. ¿Es posible que muchos trastornos cerebrales comunes, a pesar del amplio abanico de síntomas, sean provocados o al menos agravados por el mismo culpable, un componente del sistema inmune? De ser así, ¿podrían muchos de estos trastornos ser tratados de forma parecida mediante la detención de estas células defectuosas?
Cada vez hay más pruebas de que las microglías están relacionadas con varios problemas del desarrollo neurológico y psiquiátrico. La correlación en potencia con la esquizofrenia que fue revelada en enero después de que unos investigadores del Instituto Broad, liderados por Steven McCarroll y un alumno de posgrado llamado Aswin Sekar, siguieran el rastro de unas pistas genéticas que los dirigió directamente al trabajo de Stevens. En 2009, tres consorcios de todo el mundo habían publicado trabajos que comparaban el ADN de gente que padecía esquizofrenia con el de gente sana. Fue Sekar quien identificó un posible patrón: cuánta más cantidad de un tipo específico de proteína estuviera presente en las sinapsis, más alto era el riesgo de desarrollar la enfermedad.
McCarroll sabía que la esquizofrenia se produce hacia finales de la adolescencia y a principios de la madurez, un momento en el que los circuitos cerebrales de la corteza prefrontal sufren una extensa poda. Otros habían encontrado que las áreas de la corteza prefrontal se encuentran entre las más devastadas por la enfermedad, lo cual da paso a una pérdida masiva de sinapsis. ¿Podría ser esa poda excesiva por parte de las microglías errantes parte de lo que causa la esquizofrenia? Si los daños cerebrales observados en las enfermedades de Alzheimer y Parkinson surgen de una poda excesiva que podría arrancar en una fase temprana de la vida,¿por qué no se manifiestan los síntomas de esas enfermedades hasta después? Señalan que el cerebro normalmente puede compensar las lesiones con la generación de nuevas sinapsis. También contiene un alto grado de redundancia. Eso explicaría por qué los pacientes con la enfermedad de Parkinson no demuestran síntomas hasta que ya han perdido el 90% de las neuronas que generan la dopamina.
Convertir este descubrimiento en un tratamiento dista mucho de ser algo sencillo, porque quedan muchas incógnitas. Tal vez una respuesta exageradamente agresiva por parte de las microglías sea provocada por alguna combinación de variantes genéticas que no todos compartimos. Stevens también señala que las enfermedades como la esquizofrenia no son causadas por una única mutación, sino por un amplio conjunto cuyos pequeños efectos causan problemas al operar en concierto. No obstante, si tienen razón en que el sistema inmune es un mecanismo común subyacente de unos devastadores trastornos cerebrales, eso en sí mismo representará un importante hallazgo.