
Aunque la narcolepsia es a veces satirizada en la cultura popular, es un trastorno grave que no es motivo de broma. Las personas con este trastorno están más predispuestas a sufrir trastornos psiquiátricos que el resto de la población. La narcolepsia con cataplejía, que es la pérdida involuntaria de tono del músculo esquelético, indica que se trata de una disfunción autoinmune, siendo ésta razón la causa más probable de la enfermedad.
Esta respuesta inmune es responsable de la pérdida discreta de células cerebrales que producen hipocretina. Por lo tanto, existe una correlación clara y directa entre la etiología de la narcolepsia y la interrupción de la función cerebral normal. Los síntomas psiquiátricos de la narcolepsia incluyen parálisis del sueño y alucinaciones. Estas alucinaciones con frecuencia se producen en la transición de la vigilia al sueño y viceversa, provocando con frecuencia sueño nocturno interrumpido.
De hecho, incluso un correcto diagnóstico de la narcolepsia puede ser un reto debido a la gran variedad de comorbilidades psiquiátricas. Estos incluyen la esquizofrenia, el trastorno depresivo y el trastorno bipolar. Es importante, en estos casos, ser capaz de distinguir las alucinaciones hipnagógicas (las que se producen antes del sueño) típicas de la narcolepsia de las alucinaciones de estas formas de psicosis, tales como esquizofrenia.