El próximo lunes el programa Documentos TV de RTVE centrará su programa en los trastornos alimenticios, un mundo de miedos ocultos, de soledad y de profundo dolor en el que el peso y la delgadez extrema son sólo la punta del iceberg de una enfermedad mental que causa estragos en quienes la sufren y en sus familias, especialmente en el caso de los crónicos.
Los trastornos alimentarios son mucho más que una moda o una enfermedad nutricional, constituyen una enfermedad psiquiátrica. Tienen un alto riesgo de cronificación, una cuarta parte de quienes los padecen puede mantener los síntomas durante muchos años o, incluso, el resto de su vida.
‘En los trastornos de conducta alimentaria el porcentaje de mortalidad está en torno al 8 ó 10 %, el más alto dentro de las enfermedades psiquiátricas’, explica Montse Sánchez, directora del Instituto de Trastornos Alimentarios, de Barcelona, quien insiste en la frecuencia de recaídas en estos pacientes ‘para prevenirlas hay que plantear tratamientos de entre 4 ó 5 años con el fin de hacer un seguimiento prolongado’.
Un aspecto que destacan los especialistas es el adelanto en la edad de inicio de estos trastornos. ‘La tasa de ingresos en menores de 12 años se ha triplicado en los últimos 5 años’, afirma Montserrat Graell, coordinadora del Servicio de Psiquiatría y Psicología y de la Unidad de Trastornos de Alimentación del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, de Madrid. La madre de una niña de 9 años que ha permanecido ingresada en esa unidad cuenta a ‘Documentos TV’ el impacto recibido al saber que su hija, tan pequeña, se enfrenta a la anorexia nerviosa. ‘Es una niña que todavía cree en los reyes magos y que estando ingresada recibió la visita del ratoncito Pérez’.
El pronóstico y la evolución de los trastornos alimentarios, como la anorexia o la bulimia, van a depender en gran medida del diagnóstico precoz y el tratamiento adecuado que reciba el paciente. ‘La idea fundamental es que si estos pacientes se diagnostican a tiempo y se tratan, el pronóstico tiene que ser bueno’, asegura Ángel Villaseñor, psicólogo clínico de la Unidad de Trastornos de Alimentación del Hospital Niño Jesús, de Madrid.