
El Hospital Mare de Déu de la Mercè de Hermanas Hospitalarias cuenta con la primera sala multisensorial o Snoezelen de España para pacientes con trastorno mental. En concreto, este espacio terapéutico se encuentra ubicado en el Centro de Salud Mental y Adicciones (CSMiA) del barrio de Gràcia, y la mayoría de pacientes que recibe tiene patología dual, es decir, un trastorno mental y una adicción. Se trata de un espacio que consigue reducir sus niveles de ansiedad y de estrés, e incluso su medicación en algunos casos.
Tales como el olor a café o los colores rojo y azul son algunos estímulos fuertes que estabilizan y relajan a algunos de ellos, aunque fuentes del centro detallan que los que a algunos les funcionan, a otros no y necesitan otros estímulos durante estas sesiones de entre 20 y 40 minutos.
La sala también llamada Snoezelen entró en funcionamiento el pasado mes de abril y los profesionales de este centro ubicado en el barrio de Gràcia han constatado su utilidad. Los usuarios manifiestan sentirse más tranquilos, seguros, cómodos y con mayor confianza en sí mismos. También observan una disminución de las ganas de consumir y una estabilización de la presión arterial y el pulso.
“Esta sala posibilita que los pacientes hagan un trabajo de introspección, sean conscientes de su enfermedad mental y tengan la sensación de poder controlar más su propia vida al conectar con una parte de ellos mismos que evitaban“, señala la psicóloga Gemma González. “Son personas que no se permiten parar, hacer una pausa, por miedo a no controlar las alteraciones que conlleva su mismo diagnóstico” agrega la experta, que incide en que se trata de un “aprendizaje” que pueden aplicar fuera del centro.
La diferencia de esta sala respecto a las que ya existen es que estas están dirigidas a pacientes con discapacidad o demencia. No obstante, fuentes del hospital insisten en que “gran parte de las personas con enfermedad mental tiene plenas funciones cognitivas”, por lo que tienen “una mejoría más rápida”. Una veintena de profesionales de diferentes disciplinas, formados en terapia multisensorial, participan en el proyecto.
El trabajo que se lleva a cabo en esta sala se individualiza según el perfil sensorial de cada paciente, por lo que se analizan aquellos estímulos que le aportan bienestar y aquellos que le son desagradables. “El objetivo es ofrecer, en un periodo de entre 20 a 40 minutos, aquellas sensaciones que son agradables para el paciente, a fin de convertir el espacio en un lugar seguro”, explica González. “Además, buscamos que esta experiencia sea un aprendizaje que el paciente pueda llevarse a su casa, por lo que se ayuda a la persona para que pueda recordar las sensaciones vividas en la sala”.