
Un estudio multiinstitucional en el que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM) en colaboración con el CIBERSAM, asocia trastornos de conducta alimentaria (TCA) en mujeres con déficits en funciones neuropsicológicas, en concreto funciones ejecutivas.
Las funciones ejecutivas son aquellas que ayudan a controlar la conducta, las emociones y la adaptación a entornos cambiantes. Entre ellas se encuentran la anticipación, la organización o la toma de decisiones.
En concreto, el trabajo publicado en ‘Progress in Neuro-Psychopharmacology and Biological Psychiatry’, señala la capacidad para adaptarse al cambio de tareas (cambio de set), la inhibición de estímulos distractores (control de la interferencia) y la velocidad de procesamiento como las funciones neuropsicológicas más afectadas.
Para llevar a cabo el estudio, se contó con una muestra hospitalaria de75 mujeres que sufrían un TCA y 37 mujeres sanas. Todas respondieron una serie de cuestionarios sobre distintos aspectos de psicopatología (ansiedad, depresión, impulsividad…) así como distintas pruebas neuropsicológicas (midiendo funciones ejecutivas principalmente). Los resultados de ambos grupos se compararon.
A su vez, el grupo de pacientes se dividió según su perfil de control de peso, es decir, si restringían la ingesta o purgaban tras las comidas, sin atender al diagnóstico. Finalmente, se realizaron correlaciones entre la sintomatología clínica y los test neuropsicológicos para comprobar hasta qué punto la gravedad de síntomas se asociaba con los déficits observados.
Esta diferenciación les permitió concluir que el déficit de las funciones ejecutivas no depende de los perfiles clínicos, sino de la gravedad de la sintomatología general.
En un futuro, los investigadores esperan poder comprobar hasta qué punto las dificultades en función ejecutiva son causa o consecuencia de las conductas relativas a la alimentación.