Una nueva investigación de la Universidad Edith Cowan (ECU) ha demostrado que la dieta podría influir en el riesgo de padecer tanto depresión como enfermedad de Alzheimer (EA). La evidencia sugiere que los síntomas depresivos son tanto un factor de riesgo para la EA como una reacción a problemas de memoria tempranos.
La investigadora de la ECU señaló que los patrones alimentarios saludables pueden atenuar parte del impacto negativo que los síntomas depresivos tienen en las alteraciones de los biomarcadores sanguíneos relacionados con la enfermedad de Alzheimer. Estos biomarcadores son moléculas biológicas que se encuentran en la sangre y que se pueden medir y utilizar para rastrear la progresión de la enfermedad.
Los hallazgos, publicados ahora en la revista Neurobiology of Aging, brindan aportes esclarecedores para la comprensión de las interacciones entre la dieta, los síntomas depresivos y los biomarcadores sanguíneos relacionados con la EA.
La dieta mediterránea, que se compone de una gran cantidad de alimentos vegetales, aceite de oliva, cereales integrales y una ingesta moderada de vino tinto, se ha relacionado inversamente con los accidentes cerebrovasculares, la depresión, el deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer. En comparación, una dieta típicamente occidental, que se compone de mayores cantidades de alimentos procesados y azúcares, podría dar lugar a un mayor deterioro de ciertas funciones cerebrales.
Se estima que la enfermedad de Alzheimer afecta a unos 50 millones de personas en todo el mundo y se espera que aumente a 152 millones para 2050. Los costos anuales asociados con la enfermedad y otras afecciones relacionadas con la demencia se estiman en 909 mil millones de dólares anuales, o alrededor del 1% del producto interno bruto mundial.