
La Organización Mundial de la Salud creará el primer fondo mundial contra la demencia con el apoyo de las principales compañías farmacéuticas con el objetivo de combatir esta enfermedad mental que sufren más de 47 millones de personas. El envejecimiento de la población provocará que en el año 2050 se triplique el número de pacientes con demencia y se convierta así en la principal causa de discapacidad en todo el mundo afectando la salud de más de 130 millones de personas. La iniciativa que ha sido impulsado por los Gobiernos de Reino Unido e Irlanda así como la fundación Alzheimer Research UK contará con una inversión superior a los 93 millones de euros.
La proporción de personas afectadas por la demencia también aumenta pasando del 5% de los mayores de 60 años afectados por este trastorno a un 8%. El azlheimer es la causa más común de demencia seguida de los accidentes cerebrovasculares, y representa entre un 60 y un 70% de los casos. Por ello la OMS alertó en la primera conferencia ministerial de la Acción Mundial contra la Demencia celebrada en Ginebra (Suiza) que la demencia representa el mayor reto de la salud pública mundial y que liderará todos los esfuerzos internacionales para combatirla. A la conferencia acudieron ministros de salud y altos representantes de 80 países y participaron investigadores y profesionales del medio clínico para buscar las mejores maneras de afrontar el problema de una manera coordinada y global.
Los países que tienen un nivel de ingresos medio o bajo acogen casi a dos tercios del total de las personas con demencia senil por lo que el impacto en los afectados es devastador y esta proporción aumentará los próximos años aumentando las desigualdades entre países. Únicamente 19 países cuentan con un plan nacional contra la demencia, pero la OMS cree que en ellos es necesario establecer iniciativas específicas centradas en la sensibilización sobre la enfermedad y sus factores de riesgo, la formación para mejorar el diagnóstico, dar apoyo al cuidador y mejorar la reinserción laboral. Una de las mayores preocupaciones de los presentes es el alto coste que representa la demencia para los sistemas públicos de sanidad. Actualmente se requieren más de 600.000 millones de dólares por año, aunque para 2030 esa cifra se habrá más que duplicado.