
Las personas con discapacidad intelectual tienen los mismos riesgos de caer en determinadas adicciones que las personas sin discapacidad; los mismos de padecer una conducta adictiva a las drogas o a la tecnología, ya que están expuestas a la misma sociedad. Así se desprende de los más de 32 talleres de prevención de adicciones dirigidos a personas con discapacidad intelectual que la organización Plena inclusión CV ha impartido a lo largo del año. Sin embargo a esta población no se la incluye en los programas públicos de prevención de adicciones. Para apoyarlo acaban de editar una guía con el título DEPENDER, NO MOLA, con la finalidad de ofrecer información accesible a las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo sobre adicciones tóxicas y no tóxicas y promover hábitos de vida saludable. Se trata de una publicación en lectura facilitada que plantea algunas ideas para aprender a cuidarse y vivir mejor. En la guía se encuentra información sobre qué son y qué consecuencias negativas tienen en la salud y en la vida las adicciones, más conocidas como drogas.
Para la responsable del Programa de Exclusion Social en Plena inclusión CV, Noemi Soriano, “esta guía es una herramienta de apoyo al trabajo de prevención en adicciones que se está llevando a cabo y visibiliza la necesidad de abordar esta cuestión también con personas con discapacidad intelectual aunando esfuerzos desde las administraciones competentes y entidades que trabajan en el ámbito de las adicciones en la detección temprana de estas conductas, así como en la atención terapéutica que se ofrece”. Desde 2014 la institución está trabajando la prevención de adicciones mediante talleres impartidos por una psicóloga experta en adicciones, por los que han pasado hasta el momento más de 380 personas. Durante este tiempo “hemos comprobado que las adicciones tóxicas con mayor prevalencia en personas con discapacidad intelectual son el tabaco y el alcohol, este último supone un riesgo importante para muchas personas con discapacidad intelectual que toman medicación como ansiolíticos y es importante que conozcan los riesgos que supone la mezcla de alcohol y tabaco”.
En cuanto a las adicciones no tóxicas que más afectan a esta población están la comida compulsiva así como ciberadicción y ludopatías, sobretodo en el caso de personas con discapacidad intelectual más autónomas. Para Soriano, “tanto la guía como los talleres han aportado valor añadido en la medida en que han puesto en circulación una temática escasamente abordada en la población con discapacidad intelectual. A través de los talleres se ha podido constatar que viven situaciones de riesgo como las personas sin discapacidad”. Algunas de las personas profesionales que han participado en estos talleres han obtenido información nueva de la historia de vida de algunas personas con discapacidad intelectual, que desconocían y han salido a la luz conductas problemáticas relacionadas con el uso de sustancias que estaban ocultas.