
La responsable de que nos volvamos adictos al móvil se llama dopamina. Es un neurotransmisor que produce euforia y placer, y en estos adictos se genera cuando recibimos un nuevo mensaje por lo que muchas personas se vuelven adictas a esta sensación. Nuestro organismo es el responsable de que miremos el móvil una media de 150 veces al día, encendamos la pantalla en el cine, nos escapemos al baño en mitad de una cena para consultarlo o sintamos vértigo al descubrir que nos lo hemos dejado en casa.
En este instante hay 3.600 millones de personas con un móvil en la mano y en cinco años la cifra llegará a los 4.600 millones, según los datos del GSMA (la Organización Mundial de Operadores Móviles). Consultar el móvil de forma compulsiva está considerado socialmente como un mal común. Pero es algo más: es una adicción. Lo confirman los expertos. Ya hay gabinetes de psicólogos que ofrecen terapias para desintoxicarse del móvil e internet y en su carta de servicios aparece la terapia de móvil junto a otras adicciones más nocivas para el cuerpo como el juego, el alcohol, el tabaco, la marihuana o la cocaína.
Este trastorno ya tiene nombre: nomofobia y se considera la enfermedad del siglo XXI. La psicóloga Rosario Linares explica que se ha visto la necesidad en la sociedad de tratar esta adicción y que cada vez más son los pacientes que les llegan con esta dependencia. “No podían salir a la calle sin móvil y sin que esto les generara ansiedad”. La metodología para abordar este trastorno es peculiar: combina diferentes terapias psicológicas -como la cognitivo conductual- con la hipnosis. Linares lo explica: “Es una herramienta terapéutica. La persona llega a un estado de relajación en el que se visualiza a sí misma viviendo, haciendo y sintiendo las cosas de la forma que ella quiere. Si en este estado le damos sugestiones sobre cómo se va a sentir respecto a algo, es muy fácil que las acepte”.
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