
Científicos del National Institute on Drug Abuse (NIDA) de Estados Unidos acaban de lanzar una alerta sobre los riesgos que el cannabis provoca en la salud mental y capacidades cognitivas de los adolescentes. La investigación ‘Effects of Cannabis Use on Human Behavior’, publicada en la revista médica JAMA Psychiatry, señala una disminución neuropsicológica que se agrava cuanto más temprana es la edad a la que se inicia el consumo. Según los expertos, el sistema nervioso central en los adolescentes es más vulnerable a sufrir alteraciones en su estructura y conexiones neuronales por la introducción de sustancias exógenas como el cannabis. No se trata solo de pérdidas de concentración y de memoria que afectan al aprendizaje, deterioro cognitivo asociado al fracaso escolar, falta de reflejos y alteración de la capacidad motora o el “síndrome amotivacional” que implica apatía y desinterés por los estudios y el entorno.
La alta concentración de tetrahidrocannabinol (THC) presente en la marihuana aumenta el riesgo de sufrir en un futuro brotes psicóticos y -en casos de predisposición genética- esquizofrenia. Ante un consumo abusivo pueden presentarse síntomas como despersonalización, ansiedad, trastornos de identidad e ideas paranoides. La eliminación del cannabis entre los jóvenes podría conllevar una reducción del 8% de la incidencia de la esquizofrenia en la población. Y si un adolescente empieza a fumar de forma habitual antes de los 15 años tiene cuatro veces más posibilidades de desarrollar una enfermedad mental antes de los 26 años.
Lo inquietante es que el último estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre comportamiento adolescente (Health Behaviour in School-aged Children) sitúa a los adolescentes españoles entre los que más consumen cannabis, según los datos de una encuesta realizada en 42 países, la mayoría europeos, entre 2013 y 2014. La tasa nos sitúa por encima de la media internacional (15%), con un 20% de chicos y un 18% de chicas de 15 años que lo han fumado alguna vez. El 9% de las chicas y el 11% de los chicos españoles lo han consumido en los últimos 30 días, clasificación en la que figuran en el noveno puesto. Uno de cada cuatro estudiantes lo ha consumido en el último año. En la población entre 15 y 24 años tenemos un 22% que presenta un consumo problemático que implica habitualidad, adicción y descenso en el rendimiento escolar. Precisamente en este colectivo los investigadores advierten que cada vez consumen más y más pronto. Aunque en el último año en España se iniciaron en el cannabis 146.200 estudiantes de 14 a 18 años y de ellos 53.000 escolares hacen un consumo problemático, la reciente Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de Enseñanzas Secundarias (ESTUDES) del Plan Nacional Sobre Drogas aporta el único dato positivo: se observa una mínima tendencia descendente desde 2012. Pero los jóvenes siguen percibiendo erróneamente el tabaco como más peligroso que el cannabis. Otro de los datos que arrojan los últimos estudios es que el 70% de los jóvenes tiene fácil acceso al cannabis y lo consigue en menos de 24 horas.
La Sociedad Española de Investigación sobre Cannabinoides (SEIC) sigue de cerca la evolución del consumo entre la población y la modificación genética de las semillas de venta al público que cada vez tienen una concentración más alta de THC (para que provoque mayor “colocón”) y menos del cannabidiol (CDB) que precisamente funciona como un protector natural de la planta y contrarresta los efectos psicoactivos del THC. Las campañas preventivas han intentado evitar que los jóvenes se enganchen al cannabis, pero algo no está funcionando cuando su uso es tan elevado. En ocasiones fallan las estrategias de prevención, en otras la comunicación familiar, la percepción social o los agentes que puedan detectar a tiempo un consumo problemático. Está comprobado que en la adolescencia los consejos y las medidas punitivas no funcionan.