
Uno de cada cinco jóvenes entre los 15 y los 34 años asegura haber fumado cannabis en el último año según se desprende de la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y otras Drogas 2013/2014, elaborada por el Plan Nacional sobre Drogas. El consumo generalizado de esta sustancia se debe principalmente a la facilidad para conseguirlo y a su precio así como a la percepción de que no entraña un riesgo real para la salud. A diferencia de otras sustancias como la heroína cuyo consumo ha disminuido respecto a la década de los 80 y 90, el cannabis cada vez está más presente a edades más tempranas, como así asegura Luciano Poyato, presidente de la Unión de Asociaciones y Entidades de Atención al Drogodependiente (UNAD). Este fin de semana se celebró en Logroño las XLIII Jornadas Nacionales Socidrogalcohol y allí se alertó de las consecuencias sobre la salud que ese consumo tan prematuro está teniendo en los menores y lo que es más preocupante, la poca consciencia que existe en la sociedad y en las familias del problema que realmente existe. “Un tercio de los jóvenes de entre 12 y 16 años ha tenido alguna vez contacto con el alcohol y el cannabis, y algunos están haciendo un uso problemático de estas sustancias”, afirmó en este congreso Poyato.
Los efectos en la salud del consumo de cannabis entre los jóvenes son preocupantes más allá de la adicción que provoca y el riesgo de acabar consumiendo otras sustancias aún más peligrosas. La profesora titular de la UPV/EHU y psiquiatra de Osakidetza, Ana González Pinto, asegura en unas declaraciones en El Correo, que en menores de edad tiene graves consecuencias inmediatas en la salud mental porque afecta directamente tanto a la memoria como a la atención y al rendimiento pero que aún son más preocupantes a medio plazo. “El cerebro está todavía en formación y no ha llegado a desarrollarse del todo, por lo que los efectos son mucho más indeseables que en personas de mayor edad”, afirma la psiquiatra. El síndrome motivacional es otra de las consecuencias que acaba provocando el consumo de cannabis aunque sus efectos no son permanentes. “Los jóvenes muestran apatía y falta de ganas e interés en relacionarse con los amigos y la familia mientras consumen esta droga”, explica González Pinto. El aumento del hambre y en el sueño son quizás algunos de los efectos de la marihuana más conocidos pero no lo son tanto las consecuencias que su consumo tiene tanto entre embarazadas como en la calidad del esperma en los hombres. “El cannabis se asocia a menor volumen seminal en el hombre y entre las mujeres su consumo durante el embarazo puede producir algunos problemas en el feto”, apunta la psiquiatra de Osakidetza.
Los cambios en el carácter relacionados con el hachís acaban provocando problemas domésticos entre los jóvenes y pueden desarrollar otros graves trastornos mentales como psicosis e incluso esquizofrenia. “El cannabis duplica en personas vulnerables el riesgo de desarrollar fenómenos psicóticos”, asegura la experta. Más de la mitad de los pacientes que ingresan por primera vez en un hospital por estas causas consumen habitualmente marihuana. También favorece el inicio precoz de la esquizofrenia entre los menores de edad. “Los efectos dependen de la dosis, pero fumar habitualmente ya es un factor de riesgo incluso en pequeñas cantidades”, apunta la profesora. Los trastornos físicos relacionados con el sistema respiratorio es el último riesgo que señala González Pinto al periódico vasco. “El cannabis dilata los bronquios. La exposición prolongada se asocia con bronquitis obstructiva y con un aumento de riesgo de cáncer de pulmón. También son frecuentes la tos crónica y la reducción de la capacidad pulmonar si el consumo es repetido”.