El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) y los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) se presentan con frecuencia de forma conjunta, complicando el diagnóstico y el abordaje terapéutico. Se estima que entre un 20 % y un 80 % de los pacientes con TCA presentan algún trastorno de personalidad, siendo el TLP especialmente prevalente en estos casos, tal y como indica el estudio” “Personality in patients with eating disorders depending on the presence/absence of comorbidity with borderline personality disorder“. Esta amplia variabilidad obedece a diferencias en criterios diagnósticos, instrumentos empleados y características de muestra.
Diversos estudios, como “Toward Integrated Treatment for Co‐Occurring Borderline Personality Disorder and Eating Disorders: A Clinician Perspective” reportan que en personas con TLP, aproximadamente el 54 % ha experimentado al menos un TCA, y hasta un 25 % de quienes padecen anorexia nerviosa presentan TLP. Por otro lado, el estudio “Eating disorders among patients with borderline personality disorder: understanding the prevalence and psychopathology”, se observa que hasta el 65,4 % de pacientes con TLP presentan un trastorno alimentario activo, con predominio de otros trastornos alimentarios especificados, seguido de anorexia y bulimia.
La relación entre ambos trastornos se asienta en rasgos comunes como la inestabilidad emocional, la impulsividad, la autoagresión, los vacíos crónicos, los problemas interpersonales y las alteraciones en la identidad, característicos del TLP. Un estudio titulado “Comorbilidad entre trastorno límite de la personalidad y trastornos de la conducta alimentaria” publicado en 2025 destaca que síntomas particulares del TLP (como la impulsividad, las autolesiones y la inestabilidad afectiva) se asocian de forma diferencial con anorexia, bulimia y trastorno por atracón.
La atipia clínica del solapamiento entre TLP y TCA suele manifestarse en conductas purgativas, riesgo suicida elevado y dificultad para regular emociones, generando cuadros con peor pronóstico y mayor cronicidad, tal y como indica el estudio “Personality in patients with eating disorders depending on the presence/absence of comorbidity with borderline personality disorder”. La alexitimia, o dificultad para identificar y expresar emociones, se ha identificado como factor mediador central en esta comorbilidad, relacionado con niveles altos de ansiedad y depresión.
La presencia de trauma infantil (en forma de abuso físico, sexual o emocional) es un lazo común entre TLP y TCA, y conviene considerar este antecedente al diseñar estrategias terapéuticas integradas. Asimismo, estudios como “Estrategias en la regulación emocional en la comorbilidad entre el trastorno límite de la personalidad y los trastornos alimentarios” destacan que la combinación TLPTCA requiere abordajes especializados, como la Terapia Dialéctica Conductual (TDC), que han demostrado eficacia en reducir conductas autolesivas y desregulación emocional.
Desde el punto de vista clínico, la detección temprana de rasgos límite en pacientes con TCA (o viceversa) mejora los resultados a medio y largo plazo, al permitir un tratamiento dirigido y multidisciplinar. Este enfoque debe incluir evaluación nutricional, intervención psicológica focalizada en regulación emocional e impulsividad, y, de ser necesario, tratamiento farmacológico para comorbilidades asociadas como ansiedad o depresión.
En cuanto a futuros desarrollos, los investigadores recomiendan explorar las relaciones biológicas y genéticas subyacentes, así como distinguir con mayor precisión perfiles según tipo de TCA (anorexia, bulimia o atracón) dentro del marco del TLP, a fin de diseñar estrategias preventivas y terapéuticas personalizadas.
La comorbilidad entre TLP y TCA representa un desafío clínico significativo, caracterizado por una psicopatología compleja y multifacética. Instaurar protocolos integrales que aborden ambos trastornos de forma simultánea, con especial atención a la regulación emocional, la impulsividad y el trauma, es esencial para mejorar el pronóstico. Incrementar la investigación en biomarcadores y perfiles específicos permitirá optimizar intervenciones y reducir la carga global que impone esta combinación clínica.