
Los hallazgos, publicados en Nature Neuroscience, representan la primera vez que los investigadores han podido aplicar la disciplina y las herramientas de la investigación genética a muestras cerebrales de cientos de pacientes con trastorno bipolar. Los hallazgos sugieren que el trastorno bipolar puede deberse a cambios químicos y estructurales en las células cerebrales que afectan la forma en que se comunican entre sí.
El trastorno bipolar es una enfermedad mental grave caracterizada por cambios de humor extremos, con episodios de manía que alternan con episodios de depresión. Por lo general, surge en personas de entre 20 y 30 años y permanece con ellos de por vida.
Debido a que el cerebro es un órgano complejo con muchas regiones anatómicas y funcionales distintas, y patrones variables de expresión génica, los científicos redujeron su estudio a dos regiones clave del sistema límbico, que desempeña un papel vital en la regulación del comportamiento, la emoción y la memoria. Las regiones examinadas fueron la amígdala y la corteza cingulada anterior subgenual (CCAs), cuya evidencia sugiere fuertemente que subyacen a la regulación del estado de ánimo y la fisiopatología del trastorno bipolar.
Utilizando técnicas de laboratorio avanzadas, los investigadores midieron los niveles de ARN mensajero, un índice de genes que se activan y expresan, de cerebros post mortem de individuos con trastorno bipolar. Los investigadores observaron casi ocho veces más características genéticas expresadas diferencialmente en el CCAs en comparación con la amígdala, lo que sugiere que el CCAs puede desempeñar un papel especialmente destacado, tanto en la regulación del estado de ánimo en general como en el trastorno bipolar en particular.
Los hallazgos sugieren que el trastorno bipolar es causado por cambios químicos y estructurales en la sinapsis, lo que afecta la comunicación entre las células cerebrales. Esta falta de comunicación se manifiesta como cambios severos en el estado de ánimo entre la depresión y la manía.
En el futuro, estos hallazgos prometen nuevos tratamientos dirigidos a la composición química anormal en los cerebros de las personas que sufren de trastorno bipolar.