
Investigadores de la Universidad de Yale en New Haven, Estados Unidos, han descubierto las diferencias cerebrales que tienen los adolescentes y adultos jóvenes con trastorno bipolar para sufrir un mayor riesgo de suicidio. Aproximadamente la mitad de las personas con trastorno bipolar intentan suicidarse y uno de cada cinco de estos pacientes muere por esta razón según los autores. La identificación de los circuitos cerebrales implicados en el riesgo de suicidio puede conducir a nuevas formas de identificar qué pacientes están en un mayor riesgo y con suerte, prevenir los suicidios.
“El suicidio es la principal causa de muerte de adolescentes y adultos jóvenes con trastornos bipolar, y hemos de avanzar al respecto de este lo más rápido que podamos”, asegura Hilary Blumberg, profesora de neurociencia psiquiátrica, y profesor de psiquiatría, radiología, y de imagen biomédica en la Universidad de Yale.
Para el estudio, publicado en la revista American Journal of Psychiatry , los investigadores estudiaron a adolescentes y adultos jóvenes ya que su sistema límbico está todavía en desarrollo. En los estudios de adultos con intentos de suicidio que ya se habían realizado, existían evidencias que señalaban problemas en el sistema límbico, región del cerebro donde surgen las emociones e impulsos, así como en la corteza frontal, que ayuda a regular las emociones. Las imágenes por resonancia magnética de las personas que habían intentado suicidarse y de las que no, habían mostrado varias diferencias reveladoras. Los que habían intentado suicidarse tenían disminuciones sutiles en el volumen y la actividad en las zonas de los circuitos cerebrales que regulan las emociones y los impulsos, y también en la sustancia blanca, el cableado que proporciona conexiones entre esas áreas del cerebro.
“Los resultados sugieren que la corteza frontal no está funcionando tan bien como debería para regular los circuitos”, dice Blumberg. “Eso puede conducir a dolores emocionales más extremos, dificultades en la generación de soluciones alternativas al suicidio, y una mayor probabilidad de actuar sobre los impulsos suicidas”, añade. Las investigaciones adicionales en los procesos de desarrollo de circuitos cerebrales que conducen al suicidio pueden ayudar a identificar a los individuos en mayor riesgo. Estos hallazgos podrían ayudar a los médicos a desarrollar nuevas estrategias para minimizar los factores de riesgo y crear terapias diseñadas para fortalecer los circuitos cerebrales vulnerables.