
El inicio del curso escolar es especialmente motivo de nervios e incertidumbre para las familias que tienen un hijo con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) sobre todo si cambian de colegio. Las novedades tanto en el profesorado y los compañeros como en los equipos de apoyo provocan que exista el miedo de que el niño no sea atendido como se merece. “Si para los padres de un niño con este problema siempre hay nervios, tenga el chico 5 o 15 años, imagínate lo que sufre el propio alumno”, explica a La Voz digital Rosa María Caballero, presidenta de la Asociación de Amigos y Familiares de Niños con TDAH.
“Cuando oigo eso de que este trastorno no existe y que es un invento de la industria farmacéutica siempre pienso lo mismo… cómo se nota que esta persona no tiene a un niño con este problema en casa”. La experiencia le hace a Concha de la Rosa, responsable hasta hace un par de años de la Unidad Psiquiátrica Infanto-Juvenil de la provincia de Cádiz, indignarse ante los comentarios que desprecian un problema que genera “una gran cantidad de sufrimiento tanto en los niños y adolescentes como en su entorno”. Eso sí, De la Rosa es taxativa: “es un problema que tiene tratamiento y que, cuando se inicia, le puede cambiar la vida al niño“.
El Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad es una enfermedad real, con causas, diagnóstico y tratamiento. Y es en el colegio, que está a punto de empezar, uno de los lugares en donde el niño que puede estar afectado encuentre más problemas. “Es en la escuela en donde pueden estallar los problemas de autoestima y de depresión del niño si el entorno no entiende su enfermedad”, resalta De la Rosa. Para el desarrollo del afectado, la comprensión y apoyo de su entorno más cercano es fundamental. Y eso pasa necesariamente por la escuela. De la Rosa cree que se han dado grandes pasos en el tratamiento que de la enfermedad se ha hecho en las escuelas.
En cualquier caso, el alumno se enfrenta a un ambiente generalmente hostil. “Si el niño es inquieto, el resto de compañeros tiende a marginarlo; de hecho, un gran porcentaje de niños de entre 8 y 12 años presenta cuadros de depresión por este motivo”, detalla De la Rosa. En cualquier caso se es consciente del trabajo que se ha hecho desde el ámbito educativo con estos alumnos y no le duelen prendas en reconocer que, en algunos casos, “han sabido llegar donde la comunidad médica no hemos sabido o no hemos podido”. Caballero, no obstante, echa en falta, en los colegios que se tome conciencia real de que es un problema que hay que abordar de foram global. “Igual que si hay un chico con movilidad reducida se le facilitan rampas y ascensores, a este colectivo deberían ponerles esas facilidades; lamentablemente, el TDAH sigue siendo una minusvalía invisible”, concluye.