
El trastorno por déficit de atención (TDAH) varía en función de la edad. Comportamientos que fueron etiquetados de impulsivos, hiperactivos o inatentos en la infancia suelen persistir y exteriorizarse en la adolescencia como baja autoestima, violencia, depresión o bajo rendimiento escolar. “Generalmente, la hiperactividad motora disminuye con la edad, en cambio las dificultades atencionales y la disfunción ejecutiva son determinantes, debido a una mayor exigencia académica y una mayor necesidad de autonomía en el ámbito escolar”, señala Mónica González Santos, médico adjunto del servicio de Psiquiatría del Hospital de La Coruña. Otra diferencia es que “es más complicado reconocer y tratar el TDAH en el adolescente”, explica.
Los síntomas en la adolescencia están influidos por la maduración cognitiva, el desarrollo de la capacidad de autocontrol y la aparición de trastornos asociados. La falta de comunicación puede retrasar el diagnóstico al no contar las dificultades que detectan en sí mismos. Sin embargo, si no se realiza un diagnóstico temprano, cuando se llega a la adolescencia, “el trastorno por déficit de atención estará generando ya una importante repercusión funcional en la vida del paciente en el momento en que acuden por primera vez a consulta”. Los síntomas más comunes son dificultades de adaptación e integración social, trastornos de ansiedad o depresión asociados, fracaso académico, consumo de sustancias y dificultades intrafamiliares acentuadas en esta edad.
También se puede dar problemas de baja autoestima por sentirse diferentes. “Es frecuente que a estas edades rechacen la toma de tratamiento farmacológico porque quieren ser normales y no sentirse controlados por una pastilla”. Además, “los adolescentes son, en general, más rebeldes y reacios a la cooperación o al reconocimiento de síntomas. Viven el proceso diagnóstico como una forma más de intento de control externo”, explica la psiquiatra. Por todo ello, recomienda que en todo momento se le de al adolescente toda la información sobre el trastorno que padece y se respondan todas sus dudas. Asimismo, se deben explicar los beneficios y posibles efectos adversos de los fármacos utilizados.
En cuanto a los tratamientos, la mayoría de ellos muestran un perfil de eficacia similar en niños y adolescentes. “El tratamiento debe seguir el modelo multimodal (al igual que en niños), y llevarse a cabo con participación de diferentes especialistas y profesionales (psiquiatras, psicólogos, neuropediatras, psicopedagogos, etc.)”. “En la mayoría de los casos será necesario el tratamiento farmacológico. Como en algunos casos los síntomas de trastorno por déficit de atención tienden a desaparecer con la adolescencia, es a veces preciso valorar una retirada de los medicamentos para observar si existe una remisión de los síntomas. González añade, por último, la importancia de tener una estrecha relación con el colegio y la familia.