
El Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ha liderado un estudio, publicado en la revista ‘Environment International’, en el que ha determinado que los menores que viven en zonas con mayor contaminación atmosférica por partículas PM2,5 y con escasez de espacios verdes podrían tener hasta un 62% más de riesgo de desarrollar TDAH.
Por el contrario, los menores que viven en zonas más verdes y menos contaminadas tienen un 50% menos de riesgo de desarrollar uno de los trastornos del neurodesarrollo “más prevalentes”, que afecta hasta a aproximadamente entre un 5 y un 10% de la población infantil y adolescente.
El equipo científico identificó 1.217 casos de TDAH, lo que equivale a un 4,2% de la población total del estudio, y el análisis de los espacios verdes reveló que los participantes que vivían en zonas con un mayor porcentaje de vegetación tenían un menor riesgo de TDAH.
Más concretamente, los resultados muestran que un aumento del 12% en el porcentaje de vegetación se asoció con una reducción del 10% en el riesgo de TDAH. La evidencia de este estudio sugiere desigualdades ambientales donde los niños que viven en vecindarios más verdes con baja contaminación del aire tenían un riesgo sustancialmente menor de TDAH en comparación con aquellos con mayor contaminación del aire y menor exposición a espacios verdes.