
Los países ricos y pobres deben invertir más en la atención de la salud mental, en particular durante crisis económicas, cuando las tasas de depresión y suicidio tienden a aumentar, afirmó ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Los recursos destinados a salud mental, tanto financieros como humanos, continúan siendo extremadamente pequeños en todo el mundo”, dijo Shekhar Saxena, director del Departamento de la OMS de Salud Mental y Abuso de Sustancias, en una conferencia de prensa.
En países azotados por la guerra o desastres naturales, las demandas por atención de la salud mental aumentan pero el presupuesto disminuye, aseguró. “En general, los países que enfrentan serios retos socioeconómicos tienen un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental dentro de sus comunidades”, dijo Saxena. “Las tasas de depresión y suicidio realmente aumentan significativamente en los países que sufren una recesión económica. Esta es una pérdida de vidas valiosísima que un país debería proteger manteniendo el cuidado de la salud mental de estas personas durante esos tiempos de estrés”, agregó.
También existe una gran desigualdad en la atención de la salud mental. Casi la mitad de la población mundial vive en un país donde hay menos de un psiquiatra por cada 100.000 habitantes, mientras que en países de altos ingresos la tasa es de uno cada 2.000, según el Atlas de Salud Mental 2014 de la OMS divulgado este martes. “Muchos países (ricos) destinan suficientes recursos pero la utilización de los mismos no es la mejor. Se están haciendo demasiados esfuerzos por personas que son pacientes hospitalizados y muy pocos esfuerzos en la atención comunitaria”, afirmó Saxena.
En 2013, la OMS puso en marcha el Plan de acción integral sobre salud mental 2013-2020, que tiene cuatro objetivos: reforzar el liderazgo y la gobernanza en el ámbito de la salud mental; y prestar servicios integrales de salud mental y asistencia social en entornos comunitarios. Así como poner en práctica estrategias de promoción y prevención en el campo de la salud mental; y fortalecer los sistemas de información, los datos científicos y las investigaciones. “Si no invertimos ya, no lograremos alcanzar los objetivos autoimpuestos para 2020”, advirtió Saxena.
Se estima que una de cada 10 personas en el mundo sufre un problema de salud mental. Según cálculos de la OMS, más de 350 millones de personas en el mundo viven con depresión, enfermedad que también es la principal causa de discapacidad laboral y que afecta más a las mujeres.