
“Los problemas emocionales en los jóvenes son un problema de salud pública y no sólo por las consecuencias o impacto negativo que suponen sobre la calidad de vida, el bienestar y desarrollo de los propios jóvenes, sino por los costes socio-económicos y sanitarios que ello supone”, aseguró la directora general del Instituto de la Juventud (Injuve), María Teresa Pérez durante una jornada organizada por el Injuve y la Red para la Promoción de la Salud Mental y el Bienestar Emocional en los Adolescentes (Red Proem) para analizar el impacto psicológico de la covid-19 en niños y adolescentes.
“Nos ha sorprendido mucho encontrarnos con problemas de ansiedad, de insomnio, de depresión en jóvenes porque no nos lo esperábamos. Pensábamos que esta pandemia iba a afectar más a los mayores y no ha sido así. Además esto se une a la estigmatización a la que se están enfrentado porque les están culpando de ser uno de los sectores que más contagia, cuando no es así”, asegura la doctora Amparo Botejara, portavoz de Sanidad del Grupo Unidas Podemos y promotora del Proyecto de Ley de Salud Mental.
Pérez, cree que la “estigmatización” que están sufriendo los jóvenes durante la pandemia es “injusta, cala y hace daño” a una juventud que se siente “marginada” y sirve de “caldo de cultivo” para futuros problemas de salud mental. De la misma forma opina Botejara que añade que hay que repartir la responsabilidad y que todos tenemos que tener cuidado. “Se está percibiendo a través de las redes sociales o los medios de comunicación que el vehículo de infección son los nietos y esto no es real. Los adultos que trabajan, las reuniones familiares y sociales son una fuente de contagio mucho más importante que los jóvenes“, explica. Hay que proteger a los mayores pero también a los jóvenes porque son el presente y el futuro de nuestra sociedad”, asevera. La doctora se enfrenta cada día a estos problemas en la consulta. Habla de un grupo de edad entre los 16 y los 39 años que están viniendo a consulta y que antes no tenían. Gente con síntomas compatibles con la ansiedad, o el insomnio y que les incapacita seguir trabajando o estudiando.
Esto se une a la estigmatización de la ultima ola de coronavirus. Hay que tener en cuenta que ellos han cortado sus relaciones sociales, se quedan sin trabajo, no van a a clase, y el futuro es muy incierto lo ven difuminado no saben cual es el camino a seguir. Si esto no se trata desde ay va a traer consecuenscias muy graves. Pedimos recursos para las instituciones de salud mental porque están saturadas”, concluye.
Ahora tres de cada cuatro jóvenes tienen problemas en su estado de ánimo, falta de concentración y problemas con las pantallas. No significa que tienen un trastorno pero si problemas que deben ser tratados. La juventud es la población que peor lo está pasando en esta pandemia porque no tienen herramientas para enfrentarse a ella. Por eso hay que darles herramientas de fortaleza emocional a los que están más en riesgo”, explica. “No se puede ayudar a alguien si no se detecta que tiene un problema”, asegura García.
En ese sentido, los investigadores del Departamento de Psicología de la la Universidad de Jaén han desarrollado dos recursos gratuitos, denominados Daremos y Procare, que pretenden detectar y tratar a adolescentes en alto riesgo de desarrollar y sufrir problemas emocionales.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que estos años son clave a la hora de determinar si una persona sufrirá problemas psicológicos a lo largo de su vida. La mitad de la población que desarrollará un trastorno mental mostrará síntomas antes de los 14 años. La organización también calcula que entre el 10% y el 20% de los adolescentes del mundo sufren un trastorno mental, aunque no se diagnostican ni se tratan de forma adecuada. La depresión es uno de los trastornos emocionales más comunes entre la población general y, por lo tanto, también entre los adolescentes. Es la cuarta causa de discapacidad entre jóvenes de 15 a 19 años, y puede afectar a las relaciones personales y al rendimiento académico.