
Tras el paréntesis de la pandemia de la Covid-19, la XXIV edición del Congreso Nacional de Psiquiatría se ha inaugurado en Valencia, con la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la Fundación Española de Salud Mental y la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB), como organizadores del evento. Una ambiciosa apuesta por recuperar la presencialidad en la que de nuevo los psiquiatras de toda España podrán disfrutar de un extenso programa con un alto nivel científico.
En declaraciones al portal Redacción Médica, el presidente de la SEPB, Víctor Pérez Solá, reconoce que los psiquiatras necesitaban de nuevo reunirse e interactuar entre ellos tras dos años en que prácticamente no ha habido ningún evento. “Hay muchas ganas de volver a relacionarse con los amigos y ver a la gente y es que los profesionales sanitarios necesitamos, en estos momentos, cosas que nos ilusionen”, asegura. Pérez Sola destacó dentro del programa la actualización de los diferentes temas en salud mental, desde la esquizofrenia y el trastorno bipolar, hasta la depresión y el suicidio, así como la parte centrada en novedades terapéuticas.
La aparición de la especialidad de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia también será motivo de discusión en las jornadas del Congreso. “Creo que va a transformar por completo el tratamiento de los pacientes por debajo de los 18. A partir del año que viene ya entran estos residentes y va a ser un cambio muy importante en España, ya que somos de los pocos países de Europa que no teníamos esta especialidad”, apuntó el presidente de la SEPB.
La primera jornada ha estado llena de actividades y ha comenzado con una ponencia sobre el amor u odio entre la convivencia entre psicofármacos y psicoterapias. Matilde Elices, psicóloga e investigadora de la Unidad de Trastorno Límite de la Personalidad del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona), ha expuesto una serie de ensayos clínicos en los que se ha utilizado la psicoterapia asistida con psicodélicos como el LSD, la ayahuasca y la psilocibina, para el tratamiento de trastornos mentales.
Por su parte, María José Escartí, psiquiatra adjunta en el Hospital Clínico Universitario de Valencia, ha realizado una ponencia sobre la terapia cognitivo-conductual para el tratamiento de las alucinaciones auditivas persistentes en la esquizofrenia y su correlato en neuroimagen. La profesional ha explicado que un grupo de trabajo en el que ha participado estudió los cambios de actividad cerebral cuando pacientes con esquizofrenia y alucinaciones auditivas crónicas eran tratados con TCCp en situación basal, post-tratamiento y a los 6 meses de seguimiento y en que han demostrado que se producía una reducción de la sintomatología en el seguimiento en el grupo de pacientes que realizaron esta terapia.
Dentro de la misma ponencia Juan Carlos Pascual, psiquiatra y doctor en Medicina, ha tratado las desventajas de la psicoterapia y los psicofármacos y ha afirmado que actualmente no hay evidencia de eficacia farmacológica en el TLP (trastorno límite de la personalidad) a pesar de que se polimedica a los pacientes cuando hay soluciones como la terapia dialéctica conductual que es útil para reducir la polimedicación.
Durante la primera jornada del XXIV Congreso Nacional de Psiquiatría también se ha presentado un proyecto de investigación pionero sobre el “Impacto psicosocial en supervivientes con COVID-19 hospitalizados”. Paloma Muñoz-Calero Franco, psiquiatra y doctora del Hospital Universitario de Mósteles (Madrid), ha explicado que el objetivo del proyecto se centra en las características sociodemográficas, propias del ingreso y factores protectores de las personas ingresadas por COVID-19 y la correlación con su salud mental. Uno de los datos más importantes que han recogido es que “ser mujer o trabajar con un mayor contacto con el virus aumenta riesgo de padecer síntomas de ansiedad o de estrés agudo“, ha afirmado Muñoz-Calero.
Por otra parte, Manuel Ortega Moreno, residente de segundo año en el Hospital Universitario de Mósteles (Madrid), ha hecho hincapié en que la escasa asistencia a la Atención Primaria y la derivación a Salud Mental frente a una superior prescripción psicofarmacológica podría explicarse debido a “una sobrecarga del sistema por la situación de crisis o por un menor acceso a recursos del sistema sanitario de determinadas poblaciones”.
El suicidio también estuvo presente en la primera jornada con el simposio “Prevención del suicidio en España”. Alejandro de la Torre-Luque, psicólogo y doctor en Neurociencias por la Universidad de las Islas Baleares, ha afirmado que el suicidio es “una causa que requiere cierta atención sanitaria y global”. Según explica De la Torre-Luque, por cada muerte por suicidio existen 25 intentos por quitarse la vida. “El reintento suicida es el principal predictor de la muerte por suicidio. Existen muchos estudios, pero los resultados son muy dispares en relación con la probabilidad de repetición”, comenta el psicólogo. De la Torre-Luque considera que se deben incrementar las “herramientas terapéuticas para prevenir la repetición” y que la prevención del suicidio también implica “concienciación y la implicación de todos los agentes sociales”.
Rebeca Gracia, psiquiatra y Coordinadora de la Unidad de Hospitalización de Agudos de Psiquiatría Infantil del Consorci Corporació Sanitaria Parc Taulí de Sabadell, ha insistido en las cifras: El suicidio es la segunda causa de muerte entre los jóvenes entre 15 y 24 años y la tercera causa de muerte en edades entre 15 y 19 años, según el INE en 2019. Ante ello, las propuestas de prevención que comenta la psiquiatra son claras: gestión emocional, garantizar la inclusión social, educar en la diversidad, promover hábitos de vida saludable, dotar recursos académicos, ser más accesibles, la telemedicina y trabajar en la comunidad.
En la mesa ‘La otra pandemia: trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en tiempos de covid’, los especialistas han coincidido en el “gran reto” que ha supuesto la transformación telemática para el abordaje de los tratamientos en los trastornos alimentarios, cuyos primeros episodios están apareciendo a una edad más temprana. Luis Rojo, jefe de Sección de Psiquiatría Infanto-juvenil y Trastornos de la Conducta Alimentaria en La Fe de Valencia, ha explicado algunas de las consecuencias de la irrupción del coronavirus en España, como el aumento “significativo” del número de casos o la interrupción del tratamiento de los pacientes. Los psiquiatras han tenido que utilizar las tecnologías de la información y la comunicación para prestar atención a sus pacientes.
“El tratamiento basado en Internet fue más eficaz para las personas con menos piscopatología comórbida, en atracones en contraposición a síntomas restrictivos y en trastorno por atracón en contraposición a bulimia nerviosa”, ha explicado el doctor en Psiquiatría, que, además, ha destacado una mayor efectividad en programas asistidos por terapeutas. En la misma línea, Andrés Gómez del Barrio, coordinador de la Unidad de la Conducta Alimentaria del Hospital de Valdecilla, ha insistido en que tanto el confinamiento como la pandemia han afectado a la aplicación “usual” del tratamiento de estos pacientes. “Nuestro programa tiene una base conductual que no hemos podido aplicar. La sensación era de que estábamos dando una dosis infraterapeútica, al no poder realizar salidas ni actividades en hospital de día”, ha lamentado.
Luis Beato, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital General de Ciudad Real y de la Unidad Especializada de Trastornos de la Conducta Alimentaria, ha reconocido que los profesionales han percibido un aumento del consumo de tóxicos en estos pacientes, como cannabis, videojuegos, o tabaco. Por otro lado, ha subrayado que estas personas, “obsesionados con el ejercicio, la dieta y el aspecto físico”, han manifestado un empeoramiento de las relaciones sociales, que se traduce en un aumento de ansiedad y depresión, así como una restricción de la dieta como compensación a la falta de ejercicio físico.
“La salud digital ha significado durante la pandemia el poder sobrevivir en un momento en el que inesperadamente se perdió la posibilidad de tener el contacto físico con los pacientes“, ha declarado Josep Antoni Ramos Quiroga, doctor en Psiquiatría y Psicología Clínica por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), en un debate sobre la telepsiquiatía y e-health tras el Covid. El psiquiatra explica que las videocámaras han sido fundamentales para hacer primeras visitas con gente que no se atrevía anteriormente.
“La pandemia ha acelerado el futuro, es algo que iba a llegar de todas maneras. Pero lo más importante ha sido la supervivencia”, coincide Pedro Moreno Gea, médico y doctor en psiquiatría. Moreno hace hincapié en que el sector privado se ha adaptado mejor a la pandemia frente a lo público que no ha tenido suficientes recursos. “Desde la pública no ha sido así para nada, solo ha habido llamadas de teléfono, como mucho de 5 minutos”, lamento el psiquiatra. Según Moreno, disponemos de muchas herramientas, pero “no son o producen lo mismo”.
Por su parte, Juan José Martínez Jambrina, psiquiatra y director de salud mental del área sanitaria de Avilés, comenta que la época de la pandemia actuó de forma prudente. “Hemos logrado que los que viven en zonas rurales utilicen herramientas telefónicas, por ejemplo. Pero si no hay confianza o contacto previo físico, es muy difícil que haya esa motivación para acudir a la telepsiquiatría. Las herramientas son útiles si hay detrás una persona que sepa manejarlas”, concluye Martínez.