
En un artículo en la web The Conversation, los doctores Michael R. Nadorff, Profesor asociado de Psicología de la Mississippi State University y la Dra. Julie Cerel, de la University of Kentucky, analizan cómo se debe ayudar a las personas que han perdido a sus seres queridos por suicidio en estas fechas tan especiales. Las vacaciones de Navidad siempre son un momento muy duro para estas familias.
2020 se convirtió en el año con mayor número de suicidios registrados en España desde que existen datos. Así se certifica en el informe del Observatorio del Suicidio en España de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. Respecto al año anterior, se produjo un aumento de 270 defunciones por esta causa, es decir, un 7,4% más. Fallecieron 3.941 personas en España el pasado curso de forma oficial, lo que equivale a una media de casi 11 personas al día.
En el artículo mencionado se relata que por cada suicidio, una media de 135 personas conocían a la persona que se quitó la vida. Eso significa que en España más de medio millón de personas se vieron afectados el pasado año por la pérdida de una vida por suicidio. Junto con el dolor que de por sí provoca esta pérdida, muchas de estas personas se sienten culpables. Creen que contribuyeron a la muerte o que podrían haberla evitado. Un estudio muestra que el 92% de los padres que perdieron un hijo por suicidio experimentaron culpa y el 34% de ellos informó que la culpa fue la peor parte de su dolor.
Aunque los que conocían a la persona que se suicidó a menudo piensen “debería haberlo sabido”, nadie puede predecir el suicidio, ni siquiera los expertos. Los investigadores y los médicos no siempre pueden pronosticar el suicidio. Sus probabilidades de una predicción correcta son limitadas. Hay cientos de factores de riesgo para la mayoría de los suicidios y aquellos que se sienten los únicos responsables del suicidio de un ser querido son injustos consigo mismos.
A menudo, la familia y los amigos no saben qué decirle a alguien que se enfrenta a una pérdida por suicidio durante las vacaciones de Navidad, por lo que no dicen nada. Pero ignorar una pérdida así no ayuda. Es preferible demostrar a esas personas que lo están pasando mal que se está a su lado sin necesidad de pronunciar grandes discursos. Un “lo siento mucho” es suficiente para hacerles saber que no están solos. Se debe respetar si no quieren hablar al respecto, pero si les alivia, escuchar y compartir historias acerca de esa persona puede reconfortar a la persona, y no hay que tratar de evitar decir el nombre o hacer preguntas sobre ella.
Estos actos tan simples de escuchar, estar presente y ofrecer un espacio para hablar y reflexionar sobre la persona que se ha perdido serán más significativos de lo que la gente se puede imaginar. Especialmente cuando esos familiares experimentan que otras personas no se acercan en estas fechas al no saber afrontar una situación tan dura y no saber cómo interactuar con los familiares cercanos más afectados. Para aquellos que le importan y que han perdido a un ser querido por suicidio, puede ayudar a que las vacaciones navideñas sean un poco más fáciles y quizás incluso más alegres.