La Fundación Jiménez Díaz volvió a poner la Salud Mental, española y mundial, en el centro del debate médico, a través del Congreso Internacional de Psiquiatría Basada en el Paciente, que ha tenido como puntos fuertes de análisis el TDAH, el trastorno bipolar, las adicciones y los suicidios. Durante las jornadas se dieron a conocer los resultados de una amplia encuesta a escala europea sobre la problemática de los pacientes con esquizofrenia y sus familiares.
Por su parte, la revista Lancet confirmó que los trastornos mentales se incrementan en las situaciones de penuria económica. En 2011, esta publicación se preguntó sobre las formas posibles de romper el ciclo de la pobreza y la Salud Mental. De forma que dos años más tarde, en 2013, la OMS pudo poner en marcha su primer plan de acción sobre Salud Mental en el mundo. Al trazar una relación estrecha entre la pobreza y los problemas psquiátricos de las poblaciones de los países con medios o bajos recursos, la conferenciante destacó que estas naciones sólo tienen acceso al 20 por ciento de los recursos mundiales para atender a la 80 por ciento de la población del planeta. Grandes cifras a las que unió el dato de que el 75 por ciento de la población que lo necesita no puede optar a la atención sanitaria en esos países menos desarrollados.
La presidenta de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, María Oquendo también aportó datos sobre Mozambique, país con siete escuelas de Medicina pero ningún departamento de Psiquiatría. Allí sólo hay 13 psiquiatras y 250 psicólogos, todos formados en Portugal, para cubrir las necesidades de Salud Mental de 24 millones de habitantes y casi nunca se respetan los derechos humanos de los pacientes mentales. Sin embargo, es posible realizar trabajos comunitarios con colaboradores formados durante dos años para hacer intervenciones psicosociales y psiquiátricas en las aldeas, con la idea de anticiparse a los servicios de los curaderos. Estos servicios se llaman Task-Shifting. Entre otras tareas pueden dispensar medicamentos y guiar tratamientos para la epilepsia. La experta destacó como factores de cambio en el África Subsahariana, plataformas como MEmind, que, mediante teléfonos móviles, en lugar de las costosas líneas fijas de telefonía, permite implementar programas de seguimiento en patología mental (iTrakers).
Mirando a Europa, junto a otras patologías, la doctora Oquendo comentó que hay síntomas psicosomáticos como los dolores de cuello y espalda cuyo origen es la depresión y cuya incidencia está creciendo año a año en el continente. En referencia a España, la ponente estima que la población mayor de 15 años tendrá algún problema de salud mental al menos en un 20 por ciento de la misma. En cuanto a comunidades autónomas, distinguió entre La Rioja, que tiene sólo una tasa del cinco por ciento de patología mental en su población, frente al 20 por ciento de Galicia, región sólo superada en sus malas cifras psiquiátricas por la ciudad autónoma de Ceuta, que ya ofrece una tasa de suicidios de diez personas cada 100.000 habitantes, cuando la tasa nacional está en los seis suicidios por cada 100.000 habitantes.
También sale mal parada España en número de psiquiatras, ya que sólo dispone de ocho por cada 100.000 habitantes cuando la media adecuada debería ser 15. Esto significa que, para dar una adecuada atención psiquiátrica en el país, cada especialista debería atender 1000 pacientes al año, extremo claramente imposible a día de hoy. Finalmente, como formas de intervenir en Salud mental, Oquendo postuló el trabajo social para un uso más generalizado de los medicamentos disponibles. Así mismo, también puso grandes esperanzas en que las grandes inversiones que están realizando corporaciones como IBM y Google hagan llegar la Salud Mental a más millones de personas. Este es un enorme campo de negocio, si se tiene en cuenta que países como Estados Unidos dedican entre el 15 y el 17 de sus presupuestos nacionales a costear la sanidad. Como otras acciones novedosas, Oquendo propuso que los piscólogos puedan prescribir medicamentos y convencer a las aseguradoras de Estados Unidos de que muchas veces es más rentable hacer intervenciones psico-sociales que apostar sólo por los fármacos.