
La mayoría de los pacientes con un trastorno mental tienen que luchar cada día contra el estigma social que tienen esta dolencia y esto provoca que tengan numerosos problemas para conseguir un trabajo o poder acceder a una vivienda. Asociaciones de afectados de toda España de FEAFES se reunirán esta semana en A Coruña para analizar los proyectos de integración destinados a este colectivo.
Los falsos mitos que rodean a estos pacientes -pensar que son agresivos, confundir su enfermedad con una discapacidad intelectual o creer que no están capacitados para trabajar- son los que impiden su plena integración social y que todavía haya quienes decidan no hacer público su problema. “El mayor problema contra el estigma es que los propios pacientes no reconozcan su enfermedad, tienen que afrontar lo que tienen, entenderlo y saber que eso no les hace ni mejor ni peores que el resto”, añade el presidente de la asociación Alume de Lugo, Manuel Fernández.
El primer paso para derribar el estigma, según los expertos, pasa por la integración laboral de estos pacientes ya que es una forma de que se conviertan en elementos activos de la sociedad -lo que tiene para ellos una función terapéutica ya que pasan del rol del enfermo al rol del trabajador- y la clave para que tanto empresarios como compañeros destierren los prejuicios que tenían sobre esta enfermedad. Conseguir un puesto de trabajo por tanto se convierte en una carrera llena de obstáculos para cualquier persona con discapacidad, pero el problema se acentúa cuando la discapacidad se produce por una enfermedad mental.
Por otro lado enseñarles las claves para llevar una vida independiente o habilitar centros para personas con enfermedades mentales en los que se busca la integración e inserción social son algunos de los proyectos de las entidades de Feafes para mejorar el acceso del colectivo a una vivienda. Una opción son los pisos tutelados, viviendas en las que residen cuatro o cinco personas y que son supervisadas periódicamente por técnicos de Feafes. Cuando la estancia es más temporal se recurre a viviendas de transición, con las mismas características, y si el enfermo no tiene una gran capacidad de autonomía existen las bautizadas como minirresidencias.
Por último Feafes calcula que la mitad de las personas que viven en la calle padecen algún trastorno mental y que cuatro de cada diez necesitan tratamiento psiquiátrico. Además se estima la incidencia de las enfermedades mentales en los centros penitenciarios triplica a la observada en el resto de la población. Por ello, las asociaciones apuestan por dar apoyo a estos colectivos que unen a su problema de salud su exclusión social.