
El 12% de los niños de los países desarrollados sufren negligencia psicológica y dependiendo del país entre un 4 y un 16% maltrato físico, según se afirmó en el XXIII Curso de actualización de Psiquiatría celebrado a principios de marzo en Vitoria y que congregó a más de 400 profesionales en la materia. Las consecuencias de estos maltratos se prolongan en la edad adulta siendo más propensos a padecer depresiones y otros trastornos mentales, en especial alimentarios, tener conductas violentas y caer en diferentes adicciones. No solo se ven afectados psicológicamente si no que también tienen mayores probabilidades de sufrir enfermedades cardiovasculares, musculo-esqueléticas y otras enfermedades crónicas.
Lourdes Fañanás, profesora de la Universidad de Barcelona e Investigadora del Centro de Investigación en Red de Salud Mental (CIBERSAM) del Instituto de Salud Carlos III, recalcó que más allá del maltrato físico infantil las situaciones de negligencia en el cuidado de las necesidades de los niños son igual de perjudiciales para su salud posterior. “Estamos empezando a comprender cómo estas experiencias dejan una huella neurobiológica que afecta a la respuesta futura al estrés psicosocial en la vida adulta”, explica la experta en declaraciones recogidas en el Diario Vasco. “En estos casos la persona tendrá más dificultades para regular su sistema biológico y más probabilidad de desarrollar depresión y otros trastornos”.
El periodo en el que se produce el maltrato así como el tipo del que se trata afectarán de forma diferente a la salud mental del niño. Las consecuencias en su vida adulta no serán las mismas si sufre un abuso violento puntual o un abuso prolongado en el tiempo. Sin embargo el mismo tipo de maltrato tampoco reacciona igual en cada persona. “No todos los niños maltratados desarrollarán trastornos graves de conducta o enfermedad mental, ya que se ha demostrado que en algunos casos los niños son capaces de integrar biológicamente y psicológicamente estas experiencias”, concluye la profesora Fañanas.