
La especie animal no es ajena a las enfermedades mentales. La ciencia en las últimas décadas ha demostrado que también los animales pueden sufrir diferentes tipos de trastornos psiquiátricos como las aves, que se vuelven obsesivas, los perros o los caballos que tienen patologías compulsivas, o los delfines y ballenas, que tienden a auto-mutilarse cuando se encuentran en cautividad. El desarrollo del sistema nervioso humano es cualitativamente diferente al del resto de los mamíferos pero desde el punto de vista comportamental, la evidencia muestra conductas extrañas en animales como agresividad, miedos, destrucción, lo que usualmente indica ansiedad o estrés. Se conocen animales que padecen fobias o se ponen muy ansiosos ante la separación. Incluso algunos se muestran tristes y dejan de comer por periodos. Ello parece indicar que, en efecto, el sistema nervioso se ve afectado por diferentes razones y esto se expresa en el proceder.
Pero hay al menos una enfermedad mental que aunque es relativamente común en los seres humanos -más de un 1% de la población adulta- no aparece en los animales: la esquizofrenia. Aunque pueden existir animales psicóticos, la esquizofrenia nunca se ha observado fuera de nuestra propia especie a diferencia de otros trastornos como la depresión o la ansiedad que sí se han encontrado en animales. Partiendo de este hecho, un estudio dirigido por el investigador Dr. Joel Dudley del Hospital Monte Sinaí, proporciona pistas sobre cómo la esquizofrenia surge en el cerebro humano y no en los animales. Los científicos se centraron en estudiar las HAR (human accelerated regions o regiones aceleradas humanas) que son 49 regiones del genoma humano en el que el ritmo de la evolución se ha acelerado de forma extraordinaria en comparación con los chimpancés y otros animales. Los datos del estudio concluyen que estas regiones juegan un papel importante en la regulación de genes que contribuyen a la esquizofrenia.
Estos genes causantes de la enfermedad están implicados en diversas funciones neurológicas humanas esenciales, incluyendo el funcionamiento del neurotransmisor GABA. GABA sirve como un inhibidor o regulador de la actividad neuronal y está demostrado que los defectos en este neurotransmisor provocan esquizofrenia. Con un mal funcionamiento de GABA se producen alucinaciones, delirios y otros pensamientos desordenados comunes en la psicosis. “El objetivo final del estudio era conocer nuevos datos sobre la arquitectura genética de la esquizofrenia para que podamos entender y diagnosticar mejor la enfermedad”, dice Dudley. Identificar qué genes están más implicados en la esquizofrenia y cómo se expresaron podría conducir a terapias más eficaces, como, por ejemplo, los que influyen en la función del GABA.
Este descubrimiento del grupo dirigido por Dodley explica también la aparición de la enfermedad. La aparición del lenguaje humano tiene una relación con la genética de la esquizofrenia, y de paso también el autismo. De hecho, la disfunción del lenguaje es una característica de la esquizofrenia y el GABA es fundamental para el habla, el lenguaje y muchos otros aspectos de orden superior de la inteligencia de los seres humanos. Se puede decir por tanto que el riesgo de esquizofrenia que sufrimos únicamente los humanos está muy ligada a nuestra inteligencia como especie. El investigador aclara sin embargo que aún se encuentran lejos de conocer la genética compleja de la esquizofrenia. “El análisis genético evolutivo puede ayudarnos a identificar los genes más relevantes y mecanismos patológicos que están en juego en la esquizofrenia, y posiblemente otras enfermedades mentales que afectan preferentemente en seres humanos como son los trastornos del neurodesarrollo relacionadas con la cognición superior y la actividad de GABA, incluyendo el autismo y el TDAH“, concluye el experto.