
En solo unos años será común monitorear nuestra salud a través de los relojes inteligentes (smartwatches) para prevenir enfermedades. Su utilidad en el control de ciertas patologías con manifestaciones motoras y cardiológicas como la epilepsia está fuera de toda duda. La ayuda que proporciona en referencia a esta enfermedad se ciñe de momento a la regulación del tratamiento y a prevenir las crisis de forma indirecta pero los avances en este campo no han hecho más que comenzar. Se espera que estos dispositivos sean capaces de anticiparse a las crisis epilépticas para reducir e incluso evitar estos brotes pero aún se está lejos de lograrlo según asegura el neurólogo Rodrigo Rocamora, vocal del Grupo de Estudio de Epilepsia de la Sociedad Española de Neurología (SEN) en declaraciones a la web Redacción Médica.
Estos relojes son capaces de medir una serie de variables como la motricidad del paciente y la frecuencia cardiaca las cuales detectan la inminencia de un brote. Esas medidas se revelan de gran utilidad para el médico, que las recibe del paciente en la propia consulta o por medios telemáticos, ya que, en función de la intensidad y frecuencia de las crisis se condiciona el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad epiléptica: “Si un paciente presenta una crisis parcial compleja al mes y, con la ayudad de reloj, conseguimos detectar que, en realidad, padece una a la semana, el conocimiento de la gravedad del problema será mucho más preciso, lo cual es fundamental para pautar el tratamiento”, ha señalado Rocamora.
De momento la utilidad del reloj y sus mediciones se limita a precisar el tratamiento tanto desde el punto de vista cualitativo como cuantitativo. De poco le sirve al enfermo anticiparse ya que el fármaco al que podría recurrir de forma profiláctica tardaría “entre quince y treinta minutos” en hacer efecto. Por todo ello, la esperanza en exprimir al máximo al reloj inteligente para la epilepsia pasa por la combinación de mayor número de parámetros medibles, de modo que se afine la capacidad predictiva. Un proyecto codirigido por la Universidad Johns Hopkins de Baltimore y la empresa Thread Research pretende profundizar en estos objetivos a través de la ‘plataforma ResearchKit’ y los sensores del Apple Watch para el estudio de los ataques epilépticos.