Desde 2013 el servicio de Neurocirugía Funcional del Hospital General de Alicante, dirigido por el doctor Pedro Moreno, está ‘rescatando’ a pacientes con epilepsia refractaria, es decir, que no responden a ninguno de los tratamientos médicos (fármacos o cirugía clásica), consiguiendo una mejoría y dándoles una calidad de vida. Hasta el momento, 17 pacientes se han beneficiado de la técnica de la cirugía de estimulación del nervio vago, pero desde el servicio del General de Alicante afirman que el número de candidatos son muchos más.
En la mayoría de los pacientes atendidos se ha logrado una diminución de la cantidad y la intensidad de la crisis y en algunos casos superan el 8o%. También se ha demostrado un descenso en la severidad y duración de los síntomas tras el episodio (hay pacientes que se quedan desorientados, otros con media parte del cuerpo paralizado o sin poder hablar). Los que más se pueden beneficiar son los menores debido a la reducción en el número de crisis y fármacos antiepilépticos y que van a facilitar en gran medida un correcto desarrollo psicomotor.
¿En qué consiste esta estimulación? Según García, los especialistas se encargan de programar el dispositivo con un ordenador externo y pueden variar dos parámetros, tanto el tiempo que dura la estimulación como el intervalo. “Podemos programar que cada diez minutos se produzca una descarga de 30 segundos y si es un paciente con muchas crisis, cada dos minutos. Además, como la mayoría notan cuando va a aparecer la crisis, para que no sea tan fuerte, llevan una pulsera que les permite activar la descarga acercándola al estimulador“, explica. En el caso de los niños, son los padres los encargados de activar el equipo con el imán.
Un tercio de los pacientes no responden a los tratamientos médicos y de estos, el 40% no son buenos candidatos para los procedimientos quirúrgicos clásicos. “La primera diferencia es que con la clásica hay que abrir la cabeza, mientras que con el dispositivo se trata de una incisión en el cuello y la cirugía dura entre 40 a 60 minutos”, señala el jefe del servicio, Pedro Moreno. El nivel de complicaciones es muy bajo frente a la primera, que no está exenta de efectos secundarios importantes. Las estadísticas apuntan que con la medicación se controla entre el 60 y 65% de los casos. Son pacientes que responden a la terapia, pero que están atados de por vida a los fármacos y tampoco están a salvo de padecer algún episodio crítico. “No pueden conducir y hacer una vida normal como irse a tomarse una copa con los amigos”, señala González, quien insiste en que los candidatos a la cirugía de estimulación del nervio vago serían “los que no responden a absolutamente nada”.
Los neuropediatras y neurólogos son los encargados de hacer el estudio para conocer el tipo de epilepsia. Si tiene una causa orgánica, por ejemplo por una lesión cerebral, pasan a ser posibles candidatos de la cirugía clásica pero si no responden a ésta o si no es la indicada podrían beneficiarse de la estimulación vagal, al igual que los pacientes sin causa conocida y que a pesar de los fármacos siguen con crisis.