
Mediante un novedoso método de laboratorio desarrollado por investigadores de la Universidad McGill, se identificaron nueve moléculas en la sangre con niveles elevados en adolescentes diagnosticados con depresión. Estas moléculas también predijeron la posible progresión de los síntomas con el tiempo.
Los hallazgos del estudio clínico podrían allanar el camino para una detección más temprana, antes de que los síntomas empeoren y se vuelvan difíciles de tratar. El trabajo se publica en la revista Biological Psychiatry Global Open Science.
“Es alarmante que cada vez más adolescentes sean diagnosticados con depresión, y cuando comienza temprano, los efectos pueden ser duraderos y graves”, dijo la autora principal.”Los adolescentes con depresión tienen más probabilidades de tener problemas con el consumo de sustancias, el aislamiento social y experimentar síntomas que a menudo no responden bien al tratamiento”.
Cabe destacar que las nueve moléculas, conocidas como microARN, no se han vinculado con la depresión en adultos, lo que sugiere que reflejan procesos biológicos exclusivos de los adolescentes.
El estudio, realizado en colaboración con colegas de la Universidad de California en Los Ángeles y la Universidad de Stanford, se centró en 62 adolescentes: 34 con depresión y 28 sin ella. Los investigadores recolectaron pequeños volúmenes de muestras de sangre, las dejaron secar y luego las congelaron para preservar su integridad molecular a lo largo del tiempo. Estas muestras se obtienen con una simple punción en el dedo y son fáciles de almacenar y transportar, lo que hace que el método sea práctico y escalable para un uso más amplio.
El diagnóstico de la depresión se basa principalmente en los síntomas autoinformados. Los autores afirman que esto podría retrasar la atención, especialmente si los adolescentes no reconocen las señales o no están preparados para hablar de ellas. Una prueba de detección basada en sangre podría proporcionar una métrica adicional y más objetiva para identificar a los adolescentes en riesgo.
Los investigadores planean validar sus hallazgos en grupos más grandes de adolescentes y estudiar cómo estos microARN interactúan con factores de riesgo genéticos y ambientales.