
Algunos psicólogos han argumentado que la depresión es un mecanismo evolucionado diseñado para lograr un conjunto particular de beneficios. Existen múltiples teorías sobre la función evolutiva de esta patología. La más popular es la hipótesis de la rumia o meditación, una idea que fue desarrollada por Paul Andrews, un psicólogo de la Universidad de McMaster, y J. Anderson Thomson, un psiquiatra de la Universidad de Virginia Student Health Services que sostienen que la depresión puede ser “una adaptación para el análisis de problemas complejos”.
Aunque de momento esto no es más que una hipótesis que necesita de una profunda investigación, si se sigue esta lógica, el trabajo que se debería llevar a cabo en un proceso depresivo es averiguar qué ha ido mal, qué nudos emocionales deben ser desenredados o qué patrones de apego necesitan ser identificados y tratados. En un reciente artículo para Nautilus, el divulgador científico Mathew Hutson define esta enfermedad como “una avería, una falla en el sistema, algo que debe ser remediado y trasladado al pasado”. Una avería que, según las circunstancias, puede significar para algunas personas una producción de ideas y un crecimiento personal. Aunque a simple vista la depresión diste mucho de ser una condición beneficiosa para el ser humano, psicólogos como Andy Thomson y Paul Andrews han teorizado a lo largo de su carrera sobre esas posibles ventajas a las que alude Hutson. De hecho, Andrews sostiene que la depresión puede ser una “adaptación para analizar problemas más complejos”.
Entre los síntomas de la depresión se encuentra la “anhedonia”, o la incapacidad de sentir placer, los pensamientos recurrentes, a menudo en espirales, o más horas de sueño en fase REM (la fase asociada a la consolidación de la memoria). Estos síntomas provocan “que nos alejemos de las actividades normales de la vida y nos centremos en la comprensión o la solución del problema de fondo que desencadenó la depresión”, resume Hutson. Es decir, nos alejamos al máximo de nuestra vida cotidiana para así prestar atención a aquello que nos provocó la herida. De hecho, estudios científicos han investigado el incremento de la actividad en la corteza prefrontal ventrolateral durante los episodios depresivos, el área encargada de la atención.
Estos científicos aseguran que sin el estado de decaimiento y estrés combinado con una tendencia a “rumiar los pensamientos” que provoca la depresión… seríamos menos capaces de resolver nuestros problemas. Y algunos experimentos parecen darle la razón: según un estudio sobre la depresión elaborado por científicos de la Universidad de Exeter en el que participaron 61 personas, el 80% de los sujetos encontró que percibía algún beneficio de la rumia, sobre todo a la hora de evaluar los problemas en el futuro y prevenir los errores.