Un gran estudio internacional dirigido por investigadores del Departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística del Instituto Karolinska, muestra que el trastorno depresivo mayor (TDM) no sólo aumenta el riesgo de sufrir una amplia gama de enfermedades y problemas sociales, sino que también está impulsado en parte por factores como la soledad, la obesidad, el tabaquismo y el dolor crónico.
El estudio, publicado en Nature Mental Health, aplicó métodos genéticos para evaluar sistemáticamente qué rasgos son causa y cuáles consecuencias de la depresión. Los hallazgos resaltan la doble carga del TDM: surge de la mala salud y contribuye a ella, lo que hace que la prevención y el tratamiento sean especialmente urgentes.
Un desafío clave en la investigación sobre salud mental es separar la causa de la correlación. Los estudios observacionales tradicionales no siempre pueden distinguir si la depresión causa mala salud o si la mala salud causa depresión.
Para superar esto, los investigadores emplearon la aleatorización mendeliana (MR), un método que aprovecha las variantes genéticas fijadas en la concepción como “variables instrumentales” naturales. Dado que las variantes genéticas se asignan aleatoriamente en la concepción, actúan como un aleatorizador natural, de modo que pueden utilizarse para comprobar si un factor realmente causa otro. El equipo revisó más de 200 rasgos previamente vinculados con la depresión, incluidas variables de estilo de vida, médicas y sociales, y probó relaciones causales para 135 de ellos.
El equipo de investigación observó que muchos factores parecen contribuir al desarrollo de la depresión. Entre ellos se incluyen la soledad, los bajos ingresos, el inicio del tabaquismo, la obesidad, el dolor crónico y ciertas características endocrinas, como una menarquia más temprana. Factores del estilo de vida, como la menor actividad física y las conductas de riesgo, también aumentaron el riesgo de depresión.
Al mismo tiempo, el estudio reveló que la predisposición genética a la depresión aumenta el riesgo de padecer una amplia gama de consecuencias, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipotiroidismo, dolor crónico, inflamación y reducción de la actividad física. La depresión también contribuyó a un menor nivel educativo, menores ingresos, dificultades en las relaciones y un aumento de pensamientos y comportamientos suicidas.
Muchas de estas relaciones fueron bidireccionales, lo que significa que la depresión y sus factores de riesgo pueden reforzarse mutuamente en ciclos que se perpetúan; por ejemplo, la depresión puede aumentar la soledad, mientras que esta, a su vez, aumenta el riesgo de depresión. Sin embargo, en general, el estudio halló evidencia más contundente de que la depresión conduce a otros problemas de salud que a la inversa, lo que demuestra que la depresión tiene efectos de gran alcance en los aspectos médicos y sociales de la vida.
Los hallazgos sugieren que romper el ciclo de la depresión requiere un enfoque doble: reducir los factores de riesgo que predisponen a la depresión y brindar un tratamiento eficaz para prevenir consecuencias para la salud. Dado que muchas asociaciones fueron bidireccionales, será esencial abordar ambos aspectos de la relación; por ejemplo, abordar la obesidad, el tabaquismo o la soledad puede reducir el riesgo de depresión, mientras que el tratamiento de la depresión en sí puede reducir el riesgo de que estos problemas surjan o empeoren.