
El diario digital Redacción Médica dedica un amplio artículo al duelo, que es un proceso adaptativo normal ante una pérdida pero que supone uno de los acontecimientos más estresantes que debe afrontar el ser humano. “Por cada fallecimiento se suele afectar una media de 10 personas, y se considera que entre el 10 y el 12% de los afectados sufrirá un duelo que puede afectar a su salud física y mental, lo que significa un elevado número de personan que podrían necesitar ayuda”, señala Lorenzo Armenteros, médico de familia en el centro de salud Islas Canarias, de Lugo, y miembro del grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
Para Miquel Roca, catedrático de Psiquiatría en la Universidad de las Islas Baleares, un duelo es una reacción emocional muy frecuente ante una situación de pérdida. “Acostumbra a provocar tristeza, insomnio, irritabilidad, falta de aceptación de la pérdida, reiteración en recuerdos y pensamientos focalizados en la situación desencadenante. Por regla general son síntomas oscilantes, desencadenados ante situaciones o estímulos que remiten a la pérdida. Estas emociones, a diferencia de los síntomas de una depresión, son menos persistentes e invasivas y en ocasiones se alivian o reducen cuando la persona afectada está acompañada, bien sea por familiares o amigos”.
El duelo puede aumentar, además, el riesgo de enfermedades psicosomáticas, cardiovasculares, ansiedad, depresión y suicidio en el primer año tras la pérdida . La duración del duelo es muy variable, dependiendo de cada persona y situación. Según los estudios más recientes, parece haber consenso en la idea de que después de una pérdida importante el proceso de recuperación comienza a lo largo del segundo año tras la pérdida.
“Hablamos de “duelo patológico”, “duelo complicado” o “duelo no resuelto” cuando los síntomas persisten durante un periodo prolongado de tiempo, no proporcional a la pérdida ocurrida. Si esta sintomatología cambia y se inician síntomas más propios de un trastorno afectivo, entonces deberemos establecer un diagnóstico de depresión, un cuadro que precisa ya un abordaje terapéutico cuanto más precoz mejor”, explica el Profesor Roca.
La última clasificación de enfermedades de la Asociación Americana de Psiquiatría, el DSM-5, establece un cambio de criterio respecto a la relación entre duelo y depresión. “Aun reconociendo que se trata de dos entidades distintas, se acepta claramente que pueden coexistir y que, de hecho, un duelo complicado o no resuelto puede ser el desencadenante de un cuadro depresivo. Un factor precipitante espcialmente en personas con antecedentes personales de depresión”, detalla Roca.
Por tanto, resulta fundamental conocer si existen antecedentes personales de cuadros afectivos. Según el catedrático, las personas con episodios depresivos anteriores, e incluso con determinados rasgos de personalidad, son más vulnerables a que una situación de pérdida pueda desencadenar un primer episodio o un episodio recurrente de una depresión anterior.
¿Cuándo se debe acudir al médico? Para Armenteros, se debe consultar el duelo por una pérdida cuando no hay una desaparición gradual de los síntomas con el paso del tiempo y estos persisten pasando a convertirse en el denominado duelo patológico. “Este estado emocional llega a afectar a esferas de la vida en el ámbito laboral y familiar, y en muchos casos precisa apoyo asistencial para superarse”, comenta.
Una vez diferenciado y clasificado como duelo patológico, a través del relato sintomático del paciente, “deberemos conseguir que este exprese sus sentimientos a través de una escucha activa, empatizar con ellos, expresarle nuestro apoyo, aceptándole y demostrándole que le comprendemos y que su caso es más frecuente de lo que él en ese momento cree. Posteriormente, le daremos apoyo psicoterapéutico, ayudándole a planificar su futuro. Este tratamiento deberá ser el fundamental. Si fuese necesario se utilizará tratamiento farmacológico de apoyo dependiendo de la clínica que presente. En situaciones de duelo muy complejas coordinaremos una asistencia compartida con especialistas del ámbito hospitalario o con unidades de salud mental”, precisa el miembro del grupo de Salud Mental de la SEMG.