
Investigadores de la Universidad de Hiroshima (Japón) e instituciones colaboradoras han descubierto que los adultos con asma que presentan síntomas de depresión presentan niveles elevados en sangre de una proteína llamada factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF). Esta proteína suele estar reducida en personas con trastorno depresivo mayor.
Los hallazgos, publicados en The Journal of Allergy and Clinical Immunology: In Practice, ofrecen una nueva perspectiva sobre cómo la depresión asociada con el asma puede diferir biológicamente de la depresión primaria.
Los síntomas depresivos del asma suelen estar relacionados con un control deficiente del asma y una enfermedad más grave. Si bien los niveles reducidos de BDNF son una característica bien conocida del trastorno depresivo mayor, esta proteína también desempeña funciones importantes fuera del cerebro. El BDNF se produce no solo en el cerebro, sino también en los pulmones, donde sus niveles aumentan durante la inflamación de las vías respiratorias.
En los pulmones, el BDNF afecta los nervios de las vías respiratorias y los procesos inflamatorios, lo que puede aumentar la sensibilidad de las vías respiratorias y empeorar los síntomas del asma. Esto plantea dudas sobre si los síntomas depresivos del asma siguen el mismo patrón biológico que la depresión primaria.
Para explorar esta cuestión, el equipo de investigación estudió a 140 adultos con asma. Se midieron los niveles sanguíneos de BDNF y se evaluaron los síntomas de depresión y ansiedad. Los participantes también usaron sensores de movimiento para registrar su actividad física diaria. Esto permitió a los investigadores examinar la relación entre la gravedad del asma, los niveles de actividad y la salud mental.
Los niveles más bajos de actividad física diaria también se asociaron con peores estados de ánimo, lo que sugiere que las limitaciones físicas impuestas por el asma pueden contribuir a la angustia emocional.
Los resultados sugieren que el BDNF podría actuar como señal de estrés fisiológico o inflamación en el organismo. Esto podría explicar por qué la depresión en el asma no sigue el mismo patrón biológico observado en el trastorno depresivo mayor.
Los hallazgos también resaltan la posible importancia de la actividad física. Incluso considerando la gravedad del asma, los pacientes menos activos reportaron más síntomas depresivos.