
Aunque nos pueda parecer que la vida en las ciudades es más impersonal, lo que nos hace asumir que habrá más infelicidad y, por tanto, mayor depresión en ellas que en localidades con menos habitantes… lo cierto es que si nos atenemos a un estudio de la Universidad de Chicago, a mayor tamaño tiene la ciudad, se encuentran menores tasas de depresión. En este estudio solo se analiza la dimensión del tamaño de la ciudad, aunque evidentemente haya otros factores que influyan más en la aparición de la enfermedad como el estado civil, la situación laboral y el género del sujeto.
Para medir la prevalencia de depresión este estudio no se basó en las encuestas poblacionales provenientes de los Servicios de Salud Mental del país, sino que añadieron un modelo matemático… aplicado a Twitter. Los investigadores analizaron en el historial de tuits de individuos con geolocalización activada y se basaron vía árboles semánticos y machine learning en los nueve criterios de diagnóstico de depresión del DSM-IV. Esta técnica, aseguran, que tiene una tasa de precisión sólo ligeramente menos fiable que las encuestas hechas por expertos.
Sus resultados aseguran que son estables y consistentes entre todas las fuentes y concluyen que la prevalencia de la depresión disminuye sistemáticamente con el tamaño de la ciudad. En concreto, cada vez que se duplicaba el tamaño de una población, había una tasa de depresión de un 12% menos entre sus miembros. La razón por la que se argumenta que la ciudad grande ayuda a combatir a la depresión es la mayor interacción social. Las ciudades tienen redes de infraestructuras que, curiosamente, tienden a “variar de manera predecible con el tamaño de la población de cada ciudad” y que tienden hacia los entornos más densos. La mayor densidad es un propiciador natural de mayor número de interacciones humanas.
Existe la posibilidad, como se ha visto en algunos otros estudios, de que en algunos tipo de poblaciones más bien pequeños, esos menores grados de interacciones se compensen porque las que se producen son de más calidad, pero, según las conclusiones de los de Chicago, por lo general, las ciudades grandes compensan la falta de calidad de sus interacciones con una mayor cantidad de las mismas, algo que compensaría al ciudadano medio. Hay además una corriente que apunta a que hay una manera de mejorar la calidad de las mismas en los grandes núcleos urbanos: construyendo más zonas de paso y esparcimiento. Más parques.
En España algunas estadísticas respaldarían esa teoría del 12%, o por lo menos la de la menor potenciación de la depresión por las grandes ciudades: las estadísticas de suicidio, un fenómeno altamente relacionado con los trastornos mentales. Según un reciente estudio del Ministerio de Sanidad, la denominada España Vaciada concentra un 25% de los suicidios mientras que por su porcentaje de población debería registrar solo el 20%. El consumo de psicofármacos es mucho mayor en las poblaciones de hasta 10.000 habitantes, y no únicamente por sus personas de la tercera edad, sino que hay mayor consumo también entre sus personas maduras.
Así, la tasa de suicidios en Asturias o Galicia es de 13 y 12 por cada 100.000 habitantes cuando en Madrid o Cataluña son 5 y 6 respectivamente. La paradoja es que según las encuestas del INE de hace unos años, la persona con menos posibilidades de recibir un diagnóstico de problemas de salud mental en nuestro país era el varón de entorno rural por lo que se deben seguir analizando más datos para confirmar esta teoría.