
La depresión es uno de los grandes problemas de salud mental de la sociedad contemporánea. Además de la psicoterapia o los fármacos, los científicos no dejan de buscar vías alternativas para abordarla: en los últimos tiempos han sonado alternativas como implantes cerebrales o setas alucinógenas, cuyo compuesto psilocibina tiene capacidad para resetear la mente.
Un estudio publicado en The American Journal of Psychiatry asegura que los imanes pueden curar la depresión, según revelan investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. Estos científicos aplicaron terapia de estimulación magnética personalizada llamada terapia de neuromodulación de Stanford (SNT), una forma modificada de estimulación magnética transcraneal (rTMS).
Su funcionamiento pasa por aplicar altas dosis de pulsos magnéticos en el cerebro del paciente mediante un dispositivo que contiene bobinas magnéticas colocadas fuera de su cráneo. El tratamiento dura unos 5 días y se personaliza en cada persona con depresión en función de una resonancia magnética para seleccionar los mejores puntos posibles a lo largo del cerebro para administrar los pulsos curativos.
Los investigadores de Stanford hallaron que casi el 80% experimentaron una remisión de su depresión después de la estimulación cerebral con imanes. “Estábamos muy interesados en tratar de resolver problemas psiquiátricos en un entorno de emergencia”, declaró a Gizmodo Nolan Williams, coautor del estudio y profesor asistente de psiquiatría en Stanford. Lograron comprimir la estimulación de un programa de 6 semanas en un solo día.
El trabajo recoge el legado de una investigación de menor tamaño llevada a cabo por el mismo equipo el año pasado, en el que esta técnica de estimulación magnética ayudó a aliviar la depresión en el 90% de los participantes, que tras ella ya no encajaron en el criterio médico de la ideación suicida o los episodios depresivos agudos.
Los testimonios de varios participantes son muy alentadores. Destaca el de Tommy Van Brocklin, un paciente de 60 años que llevaba luchando desde la infancia contra la depresión. Relata que a partir del tercer día de tratamiento todo comenzó a funcionar. Ha logrado dormir, ha cambiado su perspectiva del mundo y ya no tiene pensamientos suicidas recurrentes.
“Todos los beneficios se han quedado conmigo y me siento mucho mejor”, afirmaba tras recibir la terapia de neuromodulación de Stanford. El estudio de tratamiento también contó con un grupo de placebo que involucró a pacientes que pensaban que estaban siendo estimulados, pero que solo recibieron un pulso débil o nulo.
Por ahora, los investigadores dicen que necesitan realizar ensayos más grandes de SNT antes de la posibilidad de un lanzamiento comercial del tratamiento. Por ahora, son optimistas con el inmenso potencial de sus resultados para contribuir a luchar contra uno de los trastornos mentales más frecuentes: se calcula que más de 300 millones de personas padecen algún tipo de depresión.