
Por su parte, el anestesiólogo Andrés García, quién también participa en el evento, ha asegurado que el paciente afectado de dolor crónico es muy complejo, porque no se ha podido aliviar o curar con los tratamientos habituales; la experiencia del dolor es única y diferente en cada persona, por lo que se requiere de una evaluación detallada de todos los componentes. “No solo disminuye la calidad de vida del paciente al repercutir negativamente en su salud física y emocional, si no que también tiene efectos adversos en ámbitos no relacionados con la salud, ya que dificulta la vida social y familiar y disminuye la capacidad de trabajar de forma productiva”, aseguran. De la misma manera, “a medida que la población envejece y aparecen nuevas terapias para tratar enfermedades crónicas, también aumenta la incidencia del dolor crónico en la sociedad, convirtiéndose este en un reto para los profesionales”, ha indicado el expero.
“Los tratamientos son muy variados y se complementan porque están organizados de forma sistemática, desde los mas sencillos hasta los más complejos, adaptándose a la intensidad del dolor y a la situación clínica del paciente”, señala Alfredo Rodríguez. En concreto, se puede distinguir entre tratamientos no invasivos “mediante fármacos combinados de forma adecuada para combatir el dolor, y también terapias físicas mediante fisioterapia, ejercicio adaptado, electroterapia y una gran cantidad de agentes físico”, añade. No obstante, existen técnicas invasivas como las infiltraciones y bloqueos que se realizan con apoyo de técnicas de imagen. “Si estas terapias son insuficientes podemos acudir a implantar dispositivos médicos mediante una sencilla intervención quirúrgica”, asegura el rehabilitador. “Así podemos implantar un estimulador que envía impulsos eléctricos controlados al sistema nervioso central, bloqueando la señal dolorosa”, concluye.