
Tres de cada cuatro adolescentes con depresión no reciben tratamiento porque no han sido detectados o han sido infradiagnosticados, cuando hacer frente a los trastornos psíquicos como la ansiedad a edades tempranas sirve para prevenir que se desarrollen o agraven en la vida adulta. Así lo destacó José Pedro Espada, presidente del comité organizador del I Congreso Internacional de Psicología Clínica y Salud en Niños y Adolescentes, que citó el estudio Depression and suicide in children and adults, de Gary R. Maslow, Katheleen Dunlap y Richard J. Chung, de la Universidad de Duke (EEUU).
La laguna en el tratamiento de esos adolescentes se debe a una “falta de inversión” para afianzar la figura del psicólogo en la atención primaria con vistas a una detección precoz y evitar que se agrave, explicó Espada. Una depresión ligera en la infancia se convertirá en severa en la edad adulta, lo que supone un coste personal, social y económico. Así, insistió en la necesidad de intervenir en los problemas emocionales y de salud mental en la infancia, pues el 20% de los niños padecen ansiedad.
“La ansiedad se forja a edades muy tempranas y, si no se trata, desarrolla otros trastornos de adultos como depresión y de tipo alimentario“, asgeura Cecilia Essau, profesora de Psicopatología del Desarrollo de la Universidad de Roehampton (Londres). “La ansiedad provoca un rendimiento escolar menor y problemas de comportamiento en el entorno laboral y el familiar, por lo que la clave es la prevención”, subrayó. Las personas que se relacionan habitualmente con niños como educadores y padres suelen tener un conocimiento bajo de estos trastornos.
Asimismo, el 15% de los pacientes diagnosticados de depresión no llegan nunca a iniciar el tratamiento prescrito y ni siquiera informan al médico, mientras que un 40% lo abandonan en el primer mes. Ello a pesar de que el tratamiento con fármacos consigue una remisión hasta en el 67% de los casos. Una “paradoja”, dijo el doctor Guillermo Lahera, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y miembro del Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria en el Cibersam, que se explica en el hecho de que por una parte no se identifica correctamente la auténtica enfermedad depresiva, pero a la vez se medicaliza el sufrimiento y los sentimientos emocionales negativos.