
La depresión crónica afecta en España al 5% de los hombres y al 11% de las mujeres, teniendo en cuanta que los hombres son más reacios a buscar ayuda y diagnóstico, las cifras pueden ser aún mayores. En todo el mundo, una de cada cinco personas sufrirá depresión en algún momento de su vida. Lejos de ser simple tristeza o desgana, la depresión es una enfermedad grave que afecta a millones de personas y que en este país genera pérdidas por valor de 5.500 millones de euros.
Por desgracia las causas de la depresión siguen sin estar claras. El modelo actual se llama biopsicosocial. Se supone que hay una vulnerabilidad preexistente, que puede ser genética o debida a experiencias aprendidas en la infancia, que combinada con el estrés, un trauma, ciertas enfermedades o medicaciones, dan lugar la trastorno.
En cualquier caso, la depresión no es una actitud inadecuada, sino algo fisiológico. No obstante, el famoso modelo del “desequilibrio químico” de neurotransmisores, en concreto de la serotonina, cada vez tiene menos credibilidad. Hay personas con bajos niveles de serotonina que no tienen depresión, y personas deprimidas con altos niveles de serotonina.
Entretanto hay una hipótesis que está tomando fuerza y que caracteriza a la depresión como una enfermedad inflamatoria. Aunque no se pueda decir aún que la inflamación no sea la causa directa, hay una relación clara: los pacientes con enfermedades inflamatorias como el asma, celiaquía o hepatitis tienen mayor incidencia de depresión. Al revés, un tercio de las personas deprimidas tienen marcadores inflamatorios elevados, aunque no estén enfermos físicamente.
Por último, a los pacientes a los que se administra citoquinas, proteínas que disparan la respuesta inmune e inflamatoria, tienen mayor probabilidad de desarrollar depresión. Del mismo modo se sospecha que la respuesta inmune e inflamatoria está detrás del Alzheimer.
De comprobarse, esta teoría explicaría algo que está más que comprobado: el deporte reduce los síntomas de la depresión, lo cual se puede explicar porque la práctica del deporte reduce drásticamente los marcadores inflamatorios. Basta con 20 minutos de ejercicio para que bajen los niveles de factor de necrosis tumoral (TNF, uno de las principales citoquinas).
Hacer deporte hace que cambie el estado de ánimo. Normalmente se piensa que estar deprimidos quita las ganas de hacer ejercicio, pero puede que esté ocurriendo al revés: la inactividad deprime. Además el deporte reduce el riesgo de padecer depresión a cualquier edad.
Pero ¿qué deportes son más efectivos contra la depresión?
En 1987 un experimento con mujeres deprimidas comparó precisamente la eficacia de correr frente a levantar pesas para mejorar los síntomas. El resultado fue que hubo una mejora notable en los dos casos comparado con el control que no hizo ningún ejercicio, sin grandes diferencias entre una y otra opción. No es necesario obtener un efecto aeróbico.
Más recientemente, una revisión sistemática comparando once estudios pudo corroborar que el ejercicio aeróbico (intensidad moderada, larga duración) reducía la depresión con valores entre moderados y altos. Esto lo coloca al mismo nivel que la mayoría de los fármacos antidepresivos en efectividad.
Por otro lado, un metaanálisis de estudios aleatorios controlados sobre el tratamiento de la depresión con ejercicio de fuerza también tiene un efecto moderado o alto contra la depresión. Esta mejoría de los síntomas de la depresión tras levantar pesas se produce independientemente del estado de salud, intensidad del ejercicio o si hubo mejoras o no en la fuerza.
Las pesas también son efectivas contra la ansiedad, la otra cara de la depresión. En una revisión de 16 estudios se encontró que el ejercicio de resistencia mejoraba los síntomas de la ansiedad tanto en personas sanas como en quienes sufrían otros trastornos.
¿Qué ejercicio es entonces mejor para evitar las penas? La respuesta está clara: el que se consiga realizar con constancia.