
Cerca de un centenar de estudiantes participan en Málaga en un experimento pionero que trata de hacer consciente a los adolescentes de las consecuencias del uso abusivo del dispositivo movil y formarles para acceder a fuentes fiables.
El resultado del estudio es que la desconexión impacta de forma clara en su salud mental causándoles ansiedad, inseguridad e incluso dependencia, según un estudio pionero en el que participaron entre los pasados meses de mayo y julio un grupo de 97 jóvenes voluntarios de entre 15 y 24 años que estudian en la Universidad de Málaga y el colegio Platero de la capital.
Durante la primera semana podían hacer uso de la forma habitual, durante la segunda tenían que desconectar el dispositivo y, en la última semana, recuperaban el uso normal del mismo. En esos 21 días debían recoger las impresiones por escrito y además someterse a un cuestionario.
De las conclusiones se extrae que los estudiantes dedican cinco horas diarias a usar el teléfono y están especialmente volcados en las redes sociales, a las que dedican cuatro de horas. WhatsApp es la aplicación a la que dedicaban la mayoría de su tiempo, seguida por Instagram y TikTok. Esta última es el canal preferido por los jóvenes para informarse.
Cuando recuperaron sus teléfonos la mayoría volvió al nivel de consumo habitual, cinco horas, a pesar de que el experimento sí les hizo darse cuenta del “enganche” que sufrían y “de que toda su vida está ligada a su dispositivo”.
Según alguno de los participantes en el estudio, tenía necesidad de tener el móvil cerca; tenía ansiedad si estaba lejos y le tranquilizaba solo con tenerlo cerca. Comenta que ver a todo el mundo con el móvil en el transporte público le creaba necesidad de usarlo. Alejarse del teléfono móvil ha tenido, además, una repercusión positiva en el ámbito familiar para los jóvenes., ya que pudo desconectar para conectar con los más cercanos.
cuando se les cuestionó a los jóvenes si ahora serían capaces de vivir sin su móvil, una amplia mayoría respondió que no podrían, pero que si tuvieran que hacer frente a ese desafío, ahora se sentían más preparados que antes. Además, la vivencia les hizo conscientes de que debían racionar el tiempo que pasan expuestos a las redes sociales.
La investigación, por su parte, prevé finalizarse a finales de 2023, y en ella participan, además de la UMA, la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Miguel Hernández de Elche y varios socios internacionales como la Universidad de Viena y la Universidad de Beira Interior (Portugal).