Un equipo de investigación ha descubierto que un grupo específico de neuronas en la amígdala, región cerebral implicada en la regulación emocional, desempeña un papel clave en la aparición de trastornos como la ansiedad, la depresión y la alteración del comportamiento social. Este estudio, publicado en iScience, demuestra que restablecer el equilibrio de la excitabilidad neuronal en una zona específica de la amígdala es suficiente para revertir estos comportamientos en ratones.
El equipo de investigadores utilizó un modelo murino modificado genéticamente para sobreexpresar el gen Grik4, aumentando así el número de receptores de glutamato tipo GluK4 y la excitabilidad neuronal. Estos animales, desarrollados por el mismo laboratorio en 2015, presentan comportamientos de ansiedad y retraimiento social muy similares a los observados en personas con trastornos como el autismo o la esquizofrenia.
Los investigadores normalizaron la expresión del gen específicamente en las neuronas de la amígdala basolateral, lo que restableció la comunicación con otro grupo de neuronas inhibidoras en la amígdala centrolateral, conocidas como “neuronas de disparo regular”.
Los animales fueron evaluados mediante técnicas electrofisiológicas y pruebas de comportamiento que miden la ansiedad, la depresión y la interacción social en roedores, basándose en su preferencia por explorar espacios abiertos o su interés por ratones desconocidos. Posteriormente, mediante ingeniería genética y virus modificados, los científicos corrigieron selectivamente la alteración en la amígdala basolateral y observaron cambios tanto en la actividad neuronal como en el comportamiento de los animales. También aplicaron el mismo procedimiento a ratones de tipo salvaje que mostraban ansiedad intrínseca, y también fue eficaz para reducir su ansiedad.
Algunos déficits conductuales, como la memoria de reconocimiento de objetos, no se resolvieron, lo que sugiere que otras áreas cerebrales, como el hipocampo, también podrían estar implicadas en estos trastornos y permanecer sin corregir. El estudio abre la puerta a nuevas posibilidades terapéuticas: «Abordar estos circuitos neuronales específicos podría convertirse en una estrategia eficaz y más localizada para tratar los trastornos afectivos», concluye el investigador.