La Dra. Isabella Pacchiorotti describe en este vídeo el gran impacto que tiene la fase de depresión en el transcurso del trastorno bipolar y la importancia de un buen diagnóstico.
Aunque las fases más características del trastorno bipolar son las fases maníacas e hipomaníacas, la fase de depresión bipolar tiene un impacto muy importante a lo largo de la enfermedad. Es la polaridad predominante más frecuente, y los pacientes pasan mucho más tiempo en depresión que en las fases de manía o hipomanía, y además durante esos periodos de tiempo son mucho más vulnerables. De hecho, la mayoría de las tentativas autolíticas (aquellas lesiones autoinflingidas en que las personas no tienen la intención de provocarse la muerte con sus acciones), así como las tentativas de suicidio, se efectúan en esta fase del trastorno. El número de episodios depresivos además es el principal responsable de la disminución de la calidad de vida de los pacientes en todas sus dimensiones.
En la mayoría de los pacientes, el trastorno bipolar empieza con un episodio depresivo y de forma menos frecuente con un episodio hipomaníaco. Esto comporta sobre todo, en el trastorno bipolar de tipo II, un diagnóstico equivocado de depresión unipolar, que a su vez comporta (sobre todo en el trastorno bipolar de tipo 2), un retraso en el diagnóstico que puede llegar a ser de una década o más, lo que prolonga el sufrimiento del paciente, y a menudo la aplicación de una terapia inadecuada, ya que la terapia de la depresión bipolar es completamente distinta de la terapia farmacológica de la depresión unipolar. La necesidad de un diagnóstico correcto desde que el paciente experimenta por primera vez una depresión bipolar, es algo tremendamente fundamental para que el paciente responda al tratamiento y mejore su calidad de vida.