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Los problemas de sueño son frecuentes en personas con esquizofrenia y pueden empeorar la calidad de vida, los síntomas psiquiátricos, la cognición y el funcionamiento diario. Se sabe que la luz nocturna interfiere con el sueño normal y los ritmos circadianos en la población general, pero su relación con el sueño en la esquizofrenia no se había examinado utilizando medidas tanto objetivas como subjetivas.
El nuevo estudio aporta la primera evidencia de que una mayor exposición a la luz nocturna se asocia con un sueño de peor calidad, medido objetivamente, en pacientes ambulatorios con esquizofrenia. Los autores recalcan que estos hallazgos deben interpretarse como una asociación, más que como una prueba de causa y efecto, a la espera de estudios de intervención prospectivos.
Los investigadores analizaron a 225 pacientes adultos ambulatorios con esquizofrenia que participaron en el estudio LENS (Exposición a la Luz y Neurobiología en la Esquizofrenia). Los participantes llevaron un dispositivo de actigrafía en la muñeca de forma continua durante siete días para medir el sueño y la exposición a la luz.
Un fotómetro portátil colocado junto a la cama medía de forma independiente la iluminancia ambiental nocturna, mientras que un diario de sueño registraba la hora de acostarse y de levantarse. La calidad subjetiva del sueño se evaluó mediante el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh. Los resultados se publicaron en la revista Psychiatry Research.
Tras tener en cuenta factores como la edad, el sexo, el tabaquismo, el índice de masa corporal, los síntomas psiquiátricos, la luz diurna, el horario de sueño, la duración del día y la medicación, las personas del grupo con mayor exposición a la luz nocturna presentaron una eficiencia del sueño un 10 % menor, 55,6 minutos menos de sueño total, un inicio del sueño más tardío y 31 minutos más de vigilia tras conciliar el sueño que las del grupo con menor exposición a la luz. Una mayor exposición a la luz azul mostró asociaciones similares.
Es importante destacar que esta relación se observó en las mediciones objetivas del sueño, pero no en el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh. Esta diferencia podría indicar que algunos pacientes experimentan un sueño de peor calidad sin ser plenamente conscientes de ello, o bien podría reflejar los diferentes periodos de medición: el sueño subjetivo se evaluó durante el mes anterior, mientras que la actigrafía y la exposición a la luz se midieron de forma prospectiva durante siete días.
Los resultados sugieren una forma potencialmente sencilla de mejorar el sueño. Reducir la luz innecesaria en los dormitorios podría ser una alternativa económica y no farmacológica que complemente los tratamientos existentes, aunque el diseño transversal del estudio impide demostrar que la luz nocturna cause insomnio.
Estas investigaciones podrían orientar las prácticas de iluminación en hogares, hospitales y residencias, favoreciendo un sueño más saludable y reduciendo la necesidad de sedantes adicionales. Futuros estudios podrían comprobar si las habitaciones más oscuras mejoran el sueño, los síntomas, el funcionamiento diurno y la calidad de vida en general de esta población.
En general, el estudio destaca la luz nocturna como un factor ambiental modificable que merece mayor atención en el cuidado del sueño de las personas con esquizofrenia.