Desde hace algunos años, investigadores han comenzado a observar una relación entre el uso intensivo de dispositivos digitales y el aumento de síntomas asociados con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Esta conexión se basa especialmente en cómo la sobreestimulación mediada por pantallas interfiere en la capacidad de atención, propicia la impulsividad y altera los ritmos cerebrales y conductuales de quienes presentan mayor vulnerabilidad.
En un estudio longitudinal titulado “Longitudinal associations between digital media use and ADHD symptoms in children and adolescents: a systematic literature review”, se analiza cómo actividades digitales como videojuegos o el uso intenso de redes sociales no solo pueden exacerbar síntomas de TDAH, sino que también parecen ser elegidas de forma preferente por personas con predisposición al trastorno. Ese trabajo concluye que existe una relación bidireccional: los individuos que ya presentan dificultades con la atención tienden a consumir más medios digitales, lo que a su vez intensifica el cuadro sintomático.
Profundizando en estos hallazgos, un estudio reciente en adolescentes de Canadá (“Screen time, impulsivity, neuropsychological functions and their relationship to growth in adolescent attentiondeficit/hyperactivity disorder symptoms“) demostró que el tiempo total de exposición a pantallas predice aumentos simultáneos en síntomas de TDAH, especialmente a través del mecanismo de impulsividad. En concreto, el incremento en el uso de redes sociales, videojuegos o televisión se asoció con un empeoramiento de la capacidad de inhibición de respuesta y de la memoria operativa, desencadenando un ciclo de atención reducida e impulsividad creciente.
Otro trabajo, enfocado en jóvenes adultos, mostró que quienes informaban un uso frecuente e intenso de redes sociales o apps digitales (es decir, múltiples hábitos diarios relacionados con estas plataformas) tenían una probabilidad significativamente mayor de manifestar síntomas compatibles con TDAH. El estudio “Association of Digital Media Use With Subsequent Symptoms of Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Among Adolescents” halló que cada hábito digital añadido aumentaba cerca de un 10 % la probabilidad de desarrollar dichos síntomas.
En edades más tempranas, como la infancia preescolar, también se han observado asociaciones significativas. El estudio “The relationship between screen time and attention deficit/hyperactivity disorder in Chinese preschool children under the multichild policy: a cross-sectional survey” indicó que niños con más de una hora diaria de exposición a pantallas durante la semana presentaban una probabilidad aproximadamente 1,8 veces mayor de desarrollar síntomas de atención o hiperactividad, aunque estos resultados fueron sensibles a factores como el peso y el género.
Tal y com afirma el estudio “Smartphone-assisted psychoeducation in adult attention-deficit/hyperactivity disorder: A randomized controlled trial” nivel comunitario o social, las interrupciones frecuentes (como las notificaciones de un smartphone) se han asociado a lapsus atencionales y comportamientos similares a los del TDAH, incluso en adultos sin diagnóstico previo. Estos hallazgos amplían la evidencia a poblaciones generales, sugiriendo que la constante fragmentación de la atención a través de alertas digitales puede predisponer a un comportamiento que parece TDAH.
La evidencia científica indica que la sobreestimulación digital puede exacerbar síntomas de TDAH a través de múltiples vías: afectando sueño, impulsividad, redes atencionales y equilibrio emocional. Si bien no se puede afirmar que cause el trastorno, sí puede intensificar su expresión en quienes ya presentan vulnerabilidades genéticas o conductuales. Combatir esta tendencia exige un enfoque integral, que combine límites tecnológicos con apoyo emocional y estrategias cognitivas que promuevan la atención y la autorregulación. Solo así se podrá contrarrestar el impacto potencialmente dañino de la hiperconectividad sobre cerebros en desarrollo.